UN POCO DE HISTORIA BLANQUINEGRA

La 'batalla' del viejo Vivero (1992)

Han transcurrido veinticinco años de aquella visita del Cartagena al viejo estadio de El Vivero de Badajoz, desagradable por partida doble. En lo deportivo (5-1 a las espaldas, y era partido de promoción de ascenso, que se jugaba por el sistema de liguilla, por puntos, con Alavés y Sporting Gijón B, también, de aspirantes y premio final para los pacenses) y en el orden de civismo, lo más lamentable.

El Viejo estadio de El Vivero. Fue una  caldera de aceite hirviendo en el Badajoz-Cartagena de 1992. / MORENO
El Viejo estadio de El Vivero. Fue una caldera de aceite hirviendo en el Badajoz-Cartagena de 1992. / MORENO  

Las heridas están cerradas, nada más lejos del ánimo perverso de  reabrirlas, pero en la historia ha quedado archivada esa mancha (y en la memoria del periodista, que estuvo, allí, en el bombardeo de hostilidad hacia cualquiera que fuese identificado como cartagenero).

Ya en el partido de ida en el Cartagonova (2-0, los dos goles de Rai, el volante rubio que lanzaba las faltas por encima de la barrera como hoy lo hace Messi) hubo un clima de acidez y tensión alta porque en las calles próximas al estadio, Soldado Rosique, Alameda de San Antón, antes del encuentro brotaron algunos altercados, seguramente provocados por el estado de algunos seguidores pacenses, peatones, que se pusieron a ‘torear’ en la misma arteria urbana, sobre el asfalto a coches que se dirigían al estadio una media hora antes del inicio del juego. Gran riesgo tanto para conductores como para los supuestamente beodos aficionados de Badajoz. Serían siete ocho o nueve. No se puede precisar ni generalizar. Pero “Si bebes, no conduzcas, y si eres peatón, si bebes puede cualquier cosa si no te controlas”. Y hubo broncas. Algunos conductores ‘toreados” (las muletas eran las camisas o niquis de los 'novilleros') descendieron de sus vehículos y hubo enganches, discusiones, forcejeos e intercambio de golpes.

Estos incidentes, lógico, trascendieron y llegaron (sin redes sociales todavía) a Badajoz y los cerca de mil seguidores de Cartagena que se desplazaron después a la ciudad de Extremadura, en una veintena de autocares subvencionados por el Ayuntamiento socialista, soportaron los abucheos fuera y dentro del recinto deportivo pacense. Tensión y hostilidad a tope. Algunos crearon, con un irresponsable y malsano proceder, un ambiente previo que desembocó en hechos tremendos. Mandó la ley del Talión aplicada en una ‘batalla’ desarrollada con un calor sofocante, con los 35º reinando en aquel domingo de junio tirando hacia julio en la que los blanquinegros locales ascendían. Un par de horas antes de que se iniciase el encuentro en El Vivero (lleno, aun con precios altísimos en la reventa de entradas, cotizadas entre 8.000 y 10.000 pesetas), hubo enfrentamientos a pedradas y puñetazos entre los seguidores de los dos equipos, en los aledaños del estadio, con varios heridos. La Policía intervino y practicó un par de detenciones.

El Cartagena tiró el partido en la segunda parte, que la disputó sin Rai, expulsado

La hostilidad previa al partido la comprobé al acceder con unos amigos, compañeros de ese viaje a Extremadura, a la cafetería de un céntrico hotel (decían se trataba era donde se alojaban los toreros los días de corrida) para consumir un café de nada y de ahí, a El Vivero, que fue con el del Sporting Gijón el estadio más veterano de España, con más de 103 años de servicio).  Pues no dejaron de “piropearnos”  sin rodeos determinados clientes de la cafetería al percatarse de que éramos de Cartagena. Para ellos llegábamos de una tierra marcada por lo de los “montes sin leña, mar sin pescado….”

Para más inri la ubicación de la prensa viajera es tarde en las cabinas del estadio 'caldera', también fue un poema.

En lo estrictamente deportivo el Cartagena tiró el partido en la segunda parte, que la disputó sin Rai, expulsado al cumplirse los primeros 40 minutos de juego. Se rindió sin necesidad de sacar la bandera blanca. Algo tendría que ver el miedo escénico.