Copa del Rey: lo que nos hemos perdido

La potra de Tevenet puso de nuevo a su equipo, el que sea, en este caso el Hércules, eliminador del Cartagena por penaltis- en el camino del FC Barcelona en la Copa del Rey. Y ya van tres veces. Al sevillano lo van a ver en el Camp Nou más veces que han visto al muy querido Mouriño, pero con más simpatía, con esa gracia de Triana. Para los espectadores culés Luis Tevenert casi es un entrenador de la casa, solo que ocupando el banquillo visitante cuando toca Copa, la competición que tantas pasiones levanta entre los 'blaugrana'.

Lo inmediato, desde la perspectiva albinegra, es exclamar con sana envidia pensando en herculano: "¡Lo que nos hemos perdido!" Los alicantinos estaban en el camino, como lo estaba el equipo de Monteagudo, pero fueron los de Luis Tevenet, disfrazados de Real Murcia esa noche  de 7 de septiembre como estrategia psicológica, los que se clasificaron y ahora tendrán que abrir todas las gradas del estadio Rico Pérez, mundialista en 1982 y con doble aforo largo  que el Cartagonova, una copia exacta pero más barata (menos lujos) que el Miniestadi, para dar cabida a quienes quieran ver in situ a los Piqué (muy de moda por múltiples motivos) y Neymar (también famoso por cantidad de causas). Gracias al poderoso equipo catalán que abraza la estelada el Hércules podrá colocar con el partido de Copa remiendos a varios de los muchos '7' en sus trajes económicos.

Me imagino los saltos de júbilo que habría dado esta mañana Paco Belmonte, el dinámico e implicado rector del FC Cartagena

El Barça con todo lo que lleva aparejado en lo emocional como entidad, "más que un club", habría sido la tercera vez en acudir oficialmente al estadio Cartagonova. La primera con Cruyff en el banquillo; la segunda con Martino, y esta tercera con el ilustre Luis Enrique, el único español del trío. Pero el destino es Alicante y dada la capacidad del Rico Pérez el tesorero del Hércules no debería aventurarse a vender de antemano la taquilla por menos de millón y medio de euros.

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Tevenet el ilusionista de la varita mágica de la Copa: hizo que Cartagena, Huesca y ahora Hércules se enfrenten al Barça.

 

Me imagino los saltos de júbilo que habría dado esta mañana Paco Belmonte, el dinámico e implicado rector del FC Cartagena, con Breis a su lado bailando una jota, una sardana o lo que sea,  si el sorteo en Las Rozas hubiese deparado el retorno copero del Barcelona al ahora más acicalado y coqueto estadio municipal, enfilando ya el camino del proyecto que conduce al ascenso al fútbol profesional. Con los azulgrana jugando en territorio cartagenero ya los ingresos extra no habrían descendido de los 500.000 euros,  a ojo de mal cubero, lo que es más de la mitad del presupuesto anual. Sin contar los frutos de la capacidad negociadora en ingresos atípicos. La última vez que vino el Barça se cobró una cantidad simbólica por colocar en las camisetas albinegras el logotipo de un gimnasio. Hoy la exclusiva la habría tenido Upper pero Belmonte ya se habría inventado otros recursos para aumentar el beneficio pecuniario.

Nos hemos perdido tal vez ver al alcalde José López chapurreando el catalán en el palco del estadio con el presidente Bertomeu y compartiendo canapés de morcilla de La Aparecida en el descanso del partido en la sala VIP, con el pepero Espejo mirándoles de reojo. Y nos perdemos la presencia de las peñas barcelonistas que es tanto como perder una jornada de máximo colorido en la ciudad, como si hubiesen llegado al Puerto dos cruceros con dos mil turistas de Gran Bretaña.