La Farola de El Lago: Te lo debía...¡Andrés!

Cuando hace unos años, empecé a colaborar en Sportcartagena con mi columna “La Farola del Lago”, quizá debió ser este mi primer artículo. Siempre he rendido culto a mis amistades, y siempre he querido ser fiel a mis amigos, ustedes lo han podido observar en varios de mis artículos. Pero este caso es excepcional, he ido posponiendo el momento de empezar a escribirlo. No sé, (porque no lo he tenido) como se exterioriza el “amor” con un hermano, pero…les seguro que el afecto, cariño y respeto que, he profesado, profeso y profesaré mientras viva, hacia el amigo protagonista de este artículo es inmenso.

Deseo expresar a los cuatro vientos, como se puede querer a un amigo tanto o más, (si eso fuera posible) que a un hermano. Andrés Pérez Tornell, se llamaba mi amigo, mi compañero inseparable en la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales (UPCT). Mi compañero cada domingo, sufriendo o gozando con las aventuras y desventuras de nuestro F.C. Cartagena. Mi compañero en la experimentación de la Química. Juntos realizamos durante cuatro años los trabajos analíticos de su Tesis Doctoral, que dirigió la Doctora Stella Moreno. Juntos viajamos a los cursos que se nos ofrecían, para ampliar nuestros conocimientos. Juntos pasamos los muchos momentos alegres que su corta vida le permitió, y juntos pasamos los momentos tristes (muy tristes) que la vida le deparó. Antes de empezar este articulo, le he pedido permiso a su esposa, ¡a su querida esposa, Dori Escudero Martín! y les transmito literalmente su contestación por whatsApp. Dice así, Te quería tanto. Para el fuiste un apoyo grandísimo en los buenos momentos, pero sobre todo en los momentos tan difíciles que vivimos juntos.

Es necesario que quede escrito en el cielo de “internet” su humanidad, y su sencillez, y que este modesto artículo, sea un motivo más para que, sus queridos hijos Cristina y Luis, recuerden siempre a este gran hombre. Sería por los años 19777-78. Un día, aparecen por nuestro Departamento de Ingeniería Química, nuestro Director Don Joaquín Moreno Clavel y Don Pedro Pérez, (jefe de administración de la “Escuela”) acompañado este último de su hijo Andrés. Lo recuerdo como si lo viera ahora mismo. Me lo presentaron, como nuevo profesor de Química. Yo estaba analizando unas muestras, interrumpí mi trabajo, le di la mano, y me dijeron… Loren aquí te dejamos a Andrés, enséñale toda la química analítica que puedas. Desde ese momento, siempre estuvimos juntos, hasta el mismo momento de su muerte, (yo estaba a su lado) el día 27/12/2000.

foto de Andres (1)

Llegó a establecerse entre nosotros un lazo de amistad enorme. Posiblemente por afinidad de nuestro carácter, y de nuestros gustos, sobre todo en lo deportivo. Éramos compañeros de asientos en el antiguo Almarjal. Como eran los albores del futbol sala (sin pretenderlo, fuimos pioneros), guiado de mi pasión por este deporte, compramos un balón de balonvolea (todavía no había aparecido el balón de “fulbito”) y una equipación. Junto a otros queridos compañeros de la “Escuela”, (recuerdo a Enrique Solano, Enrique Jiménez Torres, José Antonio Cáscales, Gregorio Saura, Domingo García López, Antonio Miranda, Eduardo Pérez Pardo…) alquilábamos el Pabellón Central y disfrutábamos como niños, sobre todo Andrés ¡se lo pasaba bomba!. Fueron muchos años los que compartimos el día a día, llegándose a establecer una “simbiosis”, entre ambos muy grande. Naturalmente, cuando compartes tanto tiempo con una persona, y se han creado unos lazos de amistad tan fuertes, uno es depositario de las penas y alegrías del otro.

Andrés, en mi casa era muy querido por mis hijas y mi esposa, y yo tengo la convicción de que en su casa me querían (y me quieren) mucho. Esa es la ventaja de crear una amistad sincera, fuerte y leal. Tan es así que, un día estando trabajando en nuestro Laboratorio, me aparece Andrés y me dice…Loren he estado en una reunión para comprar unos terrenos, donde van a construir unas viviendas muy amplias, (la Actual cooperativa Alcalde, donde vivo) como se que tu casa es pequeña, para tantos que sois en tu familia, te he comprado una parcela. Yo le miré asombrado, y dije…pero Andrés que yo ahora mismo no puedo meterme en ese lío. Andrés me dijo. No te preocupes, ya está comprada, y en cuanto puedas me devuelves el dinero. (Naturalmente se lo devolví todo lo rápidamente que pude) Ese, solo es uno de los muchos gestos de amistad y cariño de mi amigo, hacia mi persona y mi familia. Todo era felicidad en su entorno, dos hijos Cristina y Luis preciosas y sanos, su esposa Dori (profesora de Inglés en el Instituto, y en la Escuela de Ingenieros técnicos) bella y simpática a más no poder. Queridos por infinidad de amigos, que se habían granjeado por su carácter alegre y jovial, y plenos de juventud. Un día (como tantos otros) voy a recogerlo a su casa, nada más subir a mi coche me doy cuenta de que algo grave ocurre. Andrés, me dice que pare el coche antes de llagar a la escuela, que quiere hablar conmigo, yo sabía que había ido al médico, (incluso se lo recomendé) pues tenía una tos muy persistente. Andrés me da a leer la carta de su médico especialista que iba dirigida a su médico de cabecera, pero que mi amigo, presa de la lógica impaciencia por saber su estado había abierto. La carta era aterradora, escrita en términos médicos, pero el significado era “cáncer de pulmón”. ¡Dios! sin haber fumado un cigarro en su vida.

Estoy escribiendo y la emoción me llena totalmente. Nos abrazamos, y desde ese momento, mi amistad se acrecentó más todavía, si eso era posible. Andrés tenía en ese momento cincuenta años, y se propuso (junto con su esposa, y la ayuda de toda su familia y de sus amigos) luchar con todas sus fuerzas para vencer a ese “canalla” que le había enturbiado su vida. Fueron dos años de lucha sin cuartel. Siguió al pie de la letra todas las recomendaciones, (más de treinta sesiones de radioterapia), nosotros, su amigo del alma Domingo García López, (Profesor de Navales en la UPCT). y servidor junto con su esposa, le acompañábamos muchas veces, pues su debilidad se acrecentaba y nos necesitaba como sostén y apoyo.

Su ansia por vivir, le hacía acudir sin fuerza, ayudado por nosotros, cada día a la “Escuela”. Un día, ya casi vencido por su enemigo, fue precisamente el día de su Santo, nos invitó a comer, a sus amigos más íntimos (estoy seguro que quiso despedirse así de nosotros). Hubo que ingresarle en el Hospital, y las veces que hizo falta fui a sustituir a su esposa, que le acompañaba constantemente. Hasta que una mañana el día 27/12/2000. Yo estaba a su “laico” dejo de existir. Durante mucho tiempo, su recuerdo ha estado latente en mi cabeza,(hoy todavía lo está). Era tal la huella que dejaba entre sus amigos, José Antonio Fernández, Domingo García López, José Antonio Cáscales y Servidor que, el mismo día de su fallecimiento, acordamos que acudiríamos todos los años (el día de su Santo) a ”charlar” todos juntos un “ratico”, y dejarle unas flores, así, siempre que hemos podido lo hemos hecho, y lo haremos. Esto es, a muy grandes rasgos, un pequeño Homenaje, que quiero dedicarle a mi querido amigo, en mi “Farola del Lago. También quiero tener un recuerdo para sus hermanos, Mª Nieves, Juan Luis y Mª Ángeles. Y, a ustedes, pues…una vez más gracias por leerme.

P.D. Esta “Farola”, se la dedico con todo mi cariño, a su esposa Adoración Escudero Martín, y a sus hijos Cristina y Luis. Recordándoles que, mi familia y yo, tuvimos el placer de tenerlos a los tres juntos, en la celebración de la boda de mi hija Nuria, y que, para mí, estaba Andrés con ellos, porque yo mentalmente lo veía.