La Farola de El Lago: "!...Y se obró el milagro!"

Debo de contarlo, ¡fue un hecho fantástico! que, a los que lo vivimos de cerca, nos conmovió todo nuestro ser. Mucho se habló en su día de este caso extraordinario, pero…con el paso de los años, ha ido perdiendo protagonismo, y servidor, que fui testigo casi directo de lo que voy a contar, debo aprovechar “el tirón” de esta columna “Mi Farola del Lago” para “reverdecer” “aquel milagro”, que hoy, con las redes sociales, hubiera sido noticia “viral” sin duda alguna. Por todo ello, pretendo ser lo más fiel posible en mi relato, para que al final del mismo, haya servido para recordar viejos tiempos, y sobre todo, para devolverlo a la actualidad. Quizá, sea reiterativo escribiendo mis recuerdos, pero no lo puedo remediar, incluso (siempre me pasa) cuando me pongo a escribir, los ojos se me ponen cristalinos, y es porque, me vienen a la memoria amigos, familiares, y momentos increíbles que, a lo largo de mi vida me han ocurrido, y que, algunos como este, creo que merecen la pena contarlo.

Otra cosa es que, yo seas capaz de darle al suceso el “matiz” suficiente para transmitir el dramatismo “inconsciente” de aquel acontecimiento. Bien, como he relatado muchas veces. Mi infancia, mi niñez, y casi toda mi pubertad, ha transcurrido entre el “Lago”, la explanada de la plaza de toros, de Cartagena España, y la propia plaza de toros. El “Lago”, (mucho he escrito sobre él) era el sitio de nuestras reuniones, donde los aprendices de futbolistas, nos contábamos nuestras aventuras y anécdotas propias de chavales. La explanada de la plaza de toros “La Repla”, era el sitio donde nos hicimos futbolistas, donde jugábamos, y soñábamos en llegar a ser algo en eso del Fútbol (muchos lo consiguieron).

Pero… nunca les he hablado a ustedes de la propia plaza de toros. Y eso también forma parte de mi vida, y además de una forma extraordinaria. Como he dicho en alguna ocasión, servidor, era sobrino nieto, del gran torero cartagenero Enrique Cano “GAVIRA”, su hermana, era mi abuela, Concha “La Gavira”. Por esta razón, y además por cercanía de mi casa, parte de mi niñez se desarrollaba dentro de la propia plaza de toros. Todos los días, entraba y salía de ella como si fuera la mía propia, incluso pensé alguna vez ser torero, no se me daba mal el toreo de Salón. Servidor, entrenaba con las figuras locales, Pepito Blázquez y Jesús Navarro, (aunque yo era un niño y ellos jóvenes “artistas”). Pero resulta que, cuando me ponía a entrenar frente a una bicicleta con cuernos, me entraba una “jindama” que me cagaba por la “patabajo”, “asinque” me dije, Loren esto no es lo tuyo.

Como decía, mi amistad era muy grande con toda la familia del Señor Víctor Cánovas, Conserje eterno de la Plaza (hijo y nieto de conserjes). Con su esposa, la Señora Trini Alcaraz, con su hija Fina, y sobre todo con su hijo Juanito que, aunque era unos años menor que yo, manteníamos una amistad muy grande, y además, Juanito formaba parte de nuestros juegos de críos en la plaza de toros, y en la explanada. Yo estaba siempre deseando que la señora Trini me mandara a comprarle algo a la calle del Ángel, en la tienda de Antolín, pues sabía que me daría diez o veinte céntimos de propina, por eso, cuando estaba en la explanada jugando al fútbol, miraba por el rabillo del ojo a su balcón, y cuando me llamaba, me rompía el “culo en subir corriendo a su casa, para hacerle el “mandao”.

Madre mía ¡qué recuerdos!, para llegar a la casa del conserje, había que llamar a la primera puerta, (de las tres que tenía en la fachada) que a su vez tenía una pequeña, y la señora Trini, desde su casa (que distaba al menos sesenta o setenta metros hasta la puerta), a través de un cordel, me abría y subía a su casa, siempre me “deslumbraba” un precioso cuadro de la Plaza Monumental de Méjico que tenía en el vestíbulo. Un día, después de salir del “cole”, (hablo de 1952) me acerco como siempre, por la plaza de toros, y veo al Sr. Víictor el conserje, con el rostro y la voz muy alterada, tratando de dar explicaciones de lo que había ocurrido ese día en “su plaza”, y que yo paso a relatarles literalmente. Ese año 1952, con motivo de las fiestas del Carmen y Santiago, se había celebrado en la Plaza de Toros de Cartagena España, una gran corrida de toros, en la que alternaron los diestros. Octavio Martínez “Nacional” y Paquito Esplá, con toros de la ganadería de Gavira. La corrida, fue un éxito de público. En aquellas fechas las fiestas terminaban todas con un espectáculo taurino. Como era obligado en todas las corridas de toros, además de los que se iban a lidiar, el ganadero mandaba otro toro (el sobrero) por si alguno tenía una lesión y había que sustituirle. No ocurrió nada de esto en esa ocasión, y el toro sobrero, llamado “Gazpachero” de 565 Kg. se quedó en los corrales de la plaza. Pasaron los días, semanas y hasta más de un mes y el toro se había hecho casi de la familia. El Sr. Victor le daba de comer y beber, y el toro (con unos cuernos más largos que la Giralda) campaba a sus anchas con los corrales abiertos, y moviéndose para que no se entumeciera. Ese día (como todos) Juanito, acompañado de su primo Paco el de la “Astosia”.

Perdonen un inciso, que cuente de donde viene ese nombre. Como saben ustedes, al lado de la Plaza de Toros, existe lo que ahora “pomposamente” llaman el “Pabellón de Autopsias”. Pues bien en esa fechas “El Paco” vivía en una casa que había detrás de la Plaza (al lado justo del Pabellón) de ahí que para identificar a Paco Valera, le llamábamos el de la “Astosia”. Ese día, Juanito, su primo Paco el de la “Astosia” y Miguel el de la “Sunsioneta”, (que era una señora manca, que tenía un carrillo de “chuches” en la “Repla” con el que se ganaba la vida). Los tres estaban jugando a la pelota, por todos lados de la plaza de toros, (que era su gran casa) y en uno de esos momentos la pelota cae a los chiqueros. Juanito, (9 años) pleno de inconsciencia, y ante sus asombrados y temblorosos amigos, baja a los chiqueros, se planta a menos de un metro de “Gazpachero”, y tranquilamente coge su pelota, el toro se le queda mirando, ¡Y…se obró el milagro!, miró al niño, como si le conociera de toda la vida, y no le hizo el más mínimo rasguño, solo si hubiera resoplado, lo habría estampado contra la pared. Los amigos, presa del pánico, rápidamente fueron a contárselo a Juan, (el peluquero del Callejón del Chiquero) y este a su vez llamó al Sr, Victor, el conserje, y padre de Juanito, que…pueden ustedes figurarse el susto del pobre hombre, tanto el, cómo la Señora Trini lo pasaron horrible.

Plaza de toros con conserje (1024x768)

Por supuesto, el pobre toro (que no tuvo culpa de “na”) ya no volvió a salir del chiquero hasta su lidia, que por cierto, fue brava y noble. Ese momento, tan terrible y emotivo, quedó reflejado en una pintura al oleo, que Godínez realizó para la posteridad.

sé que, son momentos anti-taurinos, pero la historia está ahí, y afortunadamente, yo tengo una columna y la puedo contar tal como fue. La fotografía que adjunto es perfecta, pues simboliza parte de mi niñez. Se ve la “repla” donde me hice futbolista, y la Plaza de Toros, donde a la derecha de la foto, se puede ver el balcón de la casa del Conserje, donde nacieron Juanito y su hermana Fina. Como siempre, queridos lectores, deseo que les haya gustado esta historia, que solo pretende entretenerles un “ratico”. Muchas gracias y un abrazo.

P:D. Le dedico este artículo, a su verdadero protagonista. Juan Cánovas Alcaraz, que heredó, de su bisabuelo, su abuelo, y de su padre, la conserjería de la Plaza de toros, expoliada totalmente, incluso su fantástico museo taurino, del que no ha quedado absolutamente nada. Y un recuerdo también para su hermana Fina. Un abrazo “Juanito”.