La Farola del Lago: "Mi primera vez"

Tranquiiiilos, que el artículo es tolerado para menores, verán cómo es “puro” y “casto”. Estaba yo viendo la tele, y de pronto “soltaron” el video de la “pelea” en Mallorca, entre padres de niños, en un partido de infantiles, y de verdad, sentí hasta dolor de estómago, me encontré mal. Siempre he sentido “rubor”, cuando he visto a los padres de los niños, abandonar su deber de padre, y pasar a convertirse en un “energúmeno” apasionado, porque este hecho no es algo aislado, esto por desgracia se está generalizando, porque las escuelas de fútbol proliferan, y los padres (algunos de ellos) ven en estas escuelas, una salida profesional para su hijo, y no una preparación deportiva, para alejarlos de otros peligros que amenazan a un adolescente, y que todos conocemos. Por todo ello, estas escuelas, tienen el deber de reaccionar con dureza, para cortar de raíz cualquier manifestación de violencia. No soy yo quien, para marcar las reglas, pero sí lo soy, en mi calidad de articulista, de avisar del peligro que se cierne sobre este colectivo.

Y a la vista de todos estos hechos, me he parado a meditar, sobre los cambios tan enormes que ha sufrido la sociedad en todos los aspectos, y que servidor, afortunadamente he podido presenciar a lo largo de mi vida. Como siempre, he querido desdramatizar los aconteceres, y referirlos, buscando “esa punta” de humor tan difícil de transmitir, para que mis lectores encuentren atrayente esta lectura.

Hubo un tiempo, hace muuuuuchos años que, los niños no teníamos ni botas de reglamento, ni chándal, ni campos de césped artificial, ni padres que nos llevaran a entrenar, ni…nada, era todo tan escaso que, por no tener, no teníamos ni calzado para jugar, pues nuestros padres nos reñían si rompíamos las alpargatas. A propósito de esto último, voy a contarles como ocurrió “mi primera vez”.

Mi abuela, (mi querida mamá Concha) nunca me negaba que jugara, pero al propio tiempo (dada la escasez de medios) me regañaba si volvía con las alpargatas rotas, (aquellas de esparto con dos tiricas negras) por esa época había un equipo de fútbol juvenil que se llamaba El Rápido “mayor” en ese equipo, jugaba mi tío Pedro, y yo que tendría 10-11 años iba con ellos (pues mi abuela, no dejaba salir a mi tío si no me iba con él) y les llevaba el agua “milagrosa”. Un día, (para mí inolvidable) fuimos a jugar a Santa Lucía, a la explanada que había frente a la Iglesia y, a la hora de empezar el partido, resulta que de mi equipo solo habían diez jugadores. Entonces, el “jefe” del equipo, que era Julio Mijares, me dice Loren… ¡equípate!. Figúrense mi emoción, un chaval de diez años al lado otros de quince o dieciséis, y vestirme por “primera vez” de futbolista, el corazón me latía a mil por hora, pero… ahora venía la otra papeleta, servidor llevaba unos alpargatas recién estrenadas ese día, ¿y si las rompía? Se lo dije a mi tío, (porque yo quería jugar como fuera) y me dijo estas palabras, Lorencito (así me llamaban de pequeño) yo quiero que juegues, pero… ya sabes que la mamá Concha te va a…”endiñar”.

Hicimos cónclave, y a uno de los mayores, “el portero” que se llamaba “El Agüera” (que estaba de voluntario en el cuartel de Antiguones) se le ocurrió una idea, y me dijo… Loren, yo llevo en la furgoneta unas botas de “soldao”, si quieres, te las dejo y juegas con ellas. Naturalmente yo dije que si, y… ahora viene el numérico. ¡Figúrense!, un crío que calzaba el 35, con unas botas de soldado del 43. Aquello era “dantesco”. Servidor, temblando por la emoción, por vestirme por primera vez de futbolista, comencé a “equiparme” y al llegar a las botas, me sobraban diez números, entonces cogí y metí el pie con mis alpargatas incluidas, y de esta forma salí al “campo”, más chulo que nadie, y más alegre que unas pascuas, me colocaron en la banda de extremo izquierda. La gente, se reía al verme tan pequeño y corriendo la banda con esas botas… ¡qué recuerdos!. Mis compañeros y mi tío me animaban, y…no crean ustedes, por lo menos tres o cuatro centros sí que pegué. En fin, aquel momento fue inolvidable para mí

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El autor de la Farola del Lago, Loren, abajo a la derecha, en su niñez.

Cuento todo esto, para transmitir unos recuerdos de una época pasada, totalmente diferente, se supone que, mucho peores que los de ahora, pero…no crean, pienso que… también tenía su aliciente buscarse la forma de cumplir tus sueños, empleando para ello la mejor y única ayuda ¡la imaginación!, y…miren, a lo mejor me quedo con lo que viví. Bueno, es que además no tengo más remedio jeje.

En fin amigos lectores, un artículo mas, en el que trato de contar “batallitas” que han ido conformando mi vida, y las guardo como un tesoro que, de vez en cuando comparto con vosotros. Ya veis que siempre hay una PRIMERA VEZ para todo. Como siempre, muchas gracias a todos los lectores que me hacen el “favor” de leer mi “Farola del Lago”.