La Farola de El Lago: ¡La sangre...tira!

¡La sangre tira! Es una frase “hecha”, pero…real como la vida misma. Por muy mal que nos llevemos con un familiar, si este, está en apuros, o le ha ocurrido un accidente, algo en tu interior se mueve, advirtiéndote que debes acudir en su ayuda. Ese algo, no es otra cosa que, la “sangre” que compartes con esa persona, que se ha “revolucionado”. No digamos nada, si ese familiar es un hijo, padres, hermanos o nietos, la “revolución” se multiplica por mil. Y es, en esos momentos tensos, donde… debe imponerse la templanza, y la serenidad, (cosa dificilísima, en momentos “duros”). Estoy reflejando mi pensamiento, sobre unos espectáculos que, a todos los que amamos el deporte nos está afectando.

Ese pensamiento, no es otro que, la preocupación por los hechos continuados que están ocurriendo en los partidos de fútbol de juveniles, cadetes e incluso benjamines. De alguna manera, el título de este artículo, está influenciado por esas “noticias” que casi todos los días nos cuentan los telediarios, y que tanto nos duele. Pero…como mi vida ya es larga, y he pasado por mil trances, sé que la llamada a la cordura causará efecto, y al final, la educación y el respeto, prevalecerá sobre la “insensatez” y la “bravuconería”. Pensando fríamente en el lado humano que estos hechos tienen, y donde generalmente, es el corazón el que se impone al cerebro, me vienen a la cabeza, algunos momentos de mi vida, donde… efectivamente pude comprobar que… ¡La sangre…tira! y que además (como casi todo lo que cuento) está vivida en primerísima persona.

Era… allá por 1960. Servidor jugaba al fútbol en la Deportiva Minera del Llano de Beal- Cartagena-España. Fíjense ustedes, en plena época Franquista. Por aquellas fechas, todos, absolutamente todos los espectáculos, eran “custodiados” por la policía armada. En el caso del fútbol, un partido no podía empezar hasta que no llegaran la policía y la guardia civil, diré más, los equipos, no podían saltar al campo hasta que no estuvieran perfectamente situadas las fuerzas del orden público. Su situación en el estadio era la siguiente, cada veinticinco metros del terreno de juego, se ponía una silla, que ocupaba un policía, de forma que, todo el terreno de juego estaba “protegido”.

Era tal la costumbre de ver a los policías rodeando el estadio que, cuando estábamos en taquillas para sacar la entrada, uno de los avisos para darnos prisa era decir ¡venga rápido, que ya han “sacao” las sillas! Cuento todo esto, para que mis lectores se sitúen, y juzguen el ¿por qué? ese título de ¡La sangre…tira!, y verán cómo no va desencaminado. Como digo anteriormente, yo jugaba con la Deportiva Minera, y ese domingo, jugábamos contra la Maestranza de Albacete, al partido, que se jugaba en el estadio del Almarjal, (por obras en el Ángel Celdrán de El Llano) acudieron mis cuatro tíos, Enrique, Antonio, Santiago y Pedro. Como es natural, con la ilusión de verme jugar. En el equipo de Albacete, jugaba un defensa…Nicanor creo recordar que se llamaba, (o se llama) ya nos habíamos enfrentado varias veces, y la verdad, es que me tenía ganas.

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Edificio de la UPCT, antes Hospital Militar, donde fue atendido Loren décadas atrás.

En un momento del encuentro, el tal Nicanor, me tiró un “leñazo” de muerte, y me dejó tendido en el césped. Mis tíos, como movidos por un resorte, saltaron de sus asientos, y acudieron en mi ayuda, asustados por el “entradón” que me había hecho el tal Nicanor. Los policías acudieron enseguida a llevárselos, y todavía resuena en mis oídos, la voz de mi tío Santiago, diciéndole a los policías, miren ustedes, es que es nuestro sobrino, y ¡La sangre… tira! los policías fueron comprensivos, y les dejaron volver a su asiento. El merito de ese salto espontaneo de mis tíos al césped, hay que encontrarlo en que, se hizo en una época, donde si dabas un grito de mas, los “grises” volvían la cara a la grada y “te cagabas por la pata abajo”.

De resultas de aquel golpe, quedé lesionado del tobillo, y apenas podía dar unos pasos, se daba la circunstancia, de que yo estaba realizando el servicio militar, (enchufado, como todos los futbolistas de la época) y al otro día de la lesión, tenía que presentarme en el Parque de Artillería. Haciendo de tripas corazón, me presente en la puerta del Parque, y simulé una torcedura de tobillo, para que me llevaran al Hospital de Marina. Allí, en el hospital de Marina, permanecí un mes y medio, hice grandes amistades, con uno de esos amigos, José María Surroca Marés, de Calella de Mar, sigo en contacto hasta estos momentos, y la alegría es mutua cuando nos llamamos, y comprobamos que seguimos estando en activo y bien.

Cuento todo esto porque… (paradojas de la vida) se da la circunstancias, de que 57 años más tarde, (por razón de mi trabajo) me encuentro en este mismo hospital, donde prestó mis servicios como Técnico en Instrumentación Científica y Analista, (como jubilado parcial) de la UPCT y afortunadamente, mi memoria, me permite Transmitirles a ustedes, estos entrañables recuerdos míos. Como siempre, doy las gracias a todos mis lectores, de esta mi “Farola del Lago”.

P.D Deseo dedicarles este articulo, a dos amigos de toda la vida, Juan Olmos Pérez, mi querido amigo “Juanito” compañero de salidas con nuestras novias (amigas intimas) unidos por mil motivos, y separados por el “destino”, jamás, tanto el, cómo su familia, han estado ausentes de mi mente. Mi otro amigo, José María Surroca Marés, de Calella. (Barcelona) quiso la “casualidad que, al entrar yo en este Hospital de Marina nos conociéramos, y se estableciera una gran amistad, que hoy, (tantísimos años después) a pesar de la distancia, sigamos queriéndonos, y demostrando que la “mili”, hizo amigos de extremos opuestos de nuestro País. Un gran abrazo a los dos.