La Farola de El Lago: ¡El Teatro Argentino!

En menudo “fangal” me voy a meter. Estaba yo pensando… cómo le cuento a las nuevas generaciones, y no tan nuevas, las “peripecias” que nos ocurrían, a los que tenemos más años que el tabaco, y pasamos nuestra niñez y pubertad sin un mal “biquini” que llevarnos a la mente. Y de pronto me viene a la memoria ¡El mejor! ¡El único! ¡El que nos hacia soñar! ¡El Teatro Argentino!. Y ahora diréis, ¿y qué tiene que ver el Teatro Argentino con el fútbol? y yo os lo cuento, que para eso tengo esta columna. Precisamente en este mes de diciembre, era cuando indefectiblemente el Teatro Argentino visitaba todos los años nuestra ciudad.

Como he escrito muchas veces, enfrente de mi casa, en la calle del Alto, tenía su pensión la Señora Caridad, y en ella, se hospedaban la mayoría de jugadores del Cartagena, sobre todo los solteros, yo (al estar tan cerca y gustarme tanto el fútbol) escuchaba todas sus conversaciones, y estaba siempre mezclado con ellos, que además me mandaban muchas veces a comprarles cosas de la tienda de Pedro. Por ello, los lunes que era cuando “libraban” les oía decir, fulano vamos al Teatro Argentino que nos vamos a hinchar a ver “tela”, aquello a mi me tenía escamado, y me preguntaba ¿que verá esta gente?

Un día, de la forma más casual, me ocurrió un hecho bastante trascendental en mi vida. Agustín, delantero centro del Cartagena de la época, (suplente de Amaro, que era un fenómeno) y novio de mi vecina, una chica rubia preciosa, (eran dos hermanas una rubia y otra morena) me llama y me dice… Loren (yo tenía trece años) el padre de mi novia, tiene una contrata con Telefónica, para repartir avisos de conferencia y está buscando chavales para hacerlo, yo puedo mediar para que tú lo hagas, ¿te interesa?. Pregunté si era compatible con mis estudios, y me dijeron que si, porque seriamos dos y yo iría por la tarde, me pagarían 125 pesetas al mes, total que lo consulté con mi abuela me dijo que si, así que “palante”.

descateatro Argentino

Es conveniente que aclare qué era eso de repartir avisos de conferencia, vamos a ello. Por aquel tiempo, seguramente el único teléfono que había en España era el del Caudillo, jeje (es un decir) bueno… que casi ningún particular tenía teléfono. Entonces, a través de un aviso de conferencia, se citaba a la persona a una hora determinada y acudía al locutorio para hablar. Yo estaba encantado, pues las telefonistas me apreciaban mucho, (todavía queda alguna, y recordamos aquellos tiempos) además recogía muy buenas propinas, podía entrar y recorrer el Arsenal, subir a los barcos, y sobre todo me gustaba llevarles “avisos” a los marinos mercantes, pues me daban hasta cinco pesetas de propina ¡un lujo!.

Bueno… ahora viene “lo gordo”. Estaba servidor “sentaico” en el banco de la telefónica, (sita por aquella época, en un precioso edificio de la Plaza de San Francisco, en Cartagena España) y me llama la telefonista (Manolita Espinosa, se llamaba) y me dice, Loren, tienes que llevar un aviso al Teatro Argentino. Me puse contentísimo, ahí era nada, ¡era fantástico!. Miré el papel para ver el nombre, y era para Pepito Alegría. Ahora veréis que historia. Por aquel entonces, el Teatro Argentino se ponía en cualquier solar de Cartagena, en ese momento estaba en las puertas de Murcia, en lo que ahora es el Mariola. Serian las siete de la tarde, llego al teatro y pregunto por Pepe Alegría, le buscan y sale este “hombre” “to” “maquillao” y “preparao” para actuar. Era un bailarín (que luego se hizo muy famoso) fue impresionante verle de cerca, parecía que llevaba dos dedos de barro en la cara. “Pepito” me dijo si quería ver la función, yo entusiasmado le dije que sí, pero…se dio cuenta que era menor de edad y podían multarle. Con lo cual, me propuso ver la función entre bambalinas. Por poco me muero del soponcio, les voy a explicar aquella experiencia. Indescriptible, figúrense un crío de trece años (aparentaba más) viendo a dos pasos a Linarín (el mejor cómico del momento) a todo el cuerpo de baile, saliendo y entrando a toda prisa para cambiarse, y quitándose delante mía las pocas prendas que llevaban puestas, los sudores me llegaban hasta los pies, y las hormonas “alborotás”. Pero sobre todo me acuerdo de la Supervedette Finita Rufett,

¡Madre mía!, no podéis figuraros lo que era aquello, con un cuerpo de escándalo y al “laico mío”. ¡Que tarde Dios mío!. La supervedette cantaba aquello de “Bombón…bomboncito de mujeeeeer…bombón”. Estuve soñando por lo menos dos meses con aquel “acontecimiento”. El teatro Argentino era la “válvula de escape” en una época de “puritanismo” donde casi todo estaba prohibido. Por todo ello estábamos deseando un año sí y otro también, que llegara diciembre para recibir al Teatro Argentino, y disfrutar de aquella maravilla itinerante. Pasado muchos años y estando ya casado, después de la celebración de una fiesta de empresa, nos reunimos tres amigos y dijimos…oye, vamos los tres al Argentino y que no se entere nadie. Nos pusimos de acuerdo para ir lo más discreto posible para que no nos vieran, porque los tres éramos bastante conocidos, y si nos veían al otro día se lo “cascarían” a nuestras esposas. Pues bien llegamos al Teatro, y sacamos entradas de general “pa” ponernos donde menos luz hubiera, pues nada, va transcurriendo la función, y de pronto sale ni más ni menos que Manolo de Vega con 20 años, un pedazo de gitano que tenía un torrente de voz impresionante, se baja del escenario y empieza a cantar por toda la sala metiéndose entre el público. De pronto, deja el micrófono para demostrar su torrente de voz, sigue paseando, se sube a la general y se sienta al “laico” mío, y me echa un brazo por mis hombros, los focos que le seguían nos enfocan de lleno, y “to” el público mirándonos, y nosotros con una cara de pavo que no sabíamos dónde meternos, (cuando lo lea uno de mis amigos que, afortunadamente está vivo, se parte de risa recordando). El caso es que al otro día, lo sabía media Cartagena que habíamos estado en el Teatro Argentino.

Bueno, queridos amigos, como hoy me siento lírico, me despido con una estrofa de la canción de José Luis Perales que dice…” Es un ladróooon.. que me ha robado un trozo de mi vidaaaa. Y eso ocurre con esta “Farola del Lago” que es una ladrona, porque se lleva retazos de la mía

P.D Deseo dedicar esta”Farola”, a mi vecino en el estadio Cartagonova José Vidal de Labra. “Pepe”, me ha hecho un regalo “precioso”, pues sabiendo que me encanta la historia en general, y la futbolística en particular, ha tenido el “detalle”, de desprenderse de parte de la Historia de nuestro F.C. Cartagena España, para que yo disfrute de ella. Además “Pepe”, es químico, así como su esposa, son por lo tanto parte de algo con lo que vivo casi sesenta años “La Química”. Muchas gracias, y os deseo a ti y a tu familia felicidad y salud. Y por supuesto que nos sigamos viendo en el estadio muchos años. Un abrazo