La Farola del Lago: ¡Mi viaje de estudios!

El otro día, unos chavales me ofrecieron unas papeletas de lotería de Navidad. Naturalmente compré un par de ellas, los chicos, a quienes conozco, me dijeron que los beneficios eran para ayudar a sufragar los gastos de un viaje de estudios. Les pregunté, ¿donde pensáis ir?, y me contestaron, a Londres y Paris. ¡Total na!. Cuando llegué a mi casa, “sentaico” en mi “cuartico” de estar, tal como hago muchas veces, abrí el armario de mis recuerdos, y busqué en la estantería donde guardo los de mi niñez. Me encanta relajarme y pensar (sin añorar). Qué maravilla!, Poder ir a Londres y Paris acompañados de un montón de amigos, y en una edad fantástica. Lógicamente me puse a pensar en mi viaje de estudios y… “me meo de la risa”, como se dice ahora. Resulta que…bueno será mejor empezar desde el principio. Por aquellas fechas (no la digo, pero fue poco después del diluvio universal) Cartagena terminaba en el paseo de Alfonso Xlll, (que además era totalmente de tierra) los chavales, teníamos unos “terrenos” donde reunirnos a practicar nuestro deporte favorito, el deporte más barato, el que solo necesitas cuatro piedras y una “cosa rulando”, ya sea de trapo, ya sea de serrín, o de goma (eso ya era un lujo).

Ese deporte no es otro que ¡El fútbol!. Voy a tratar de situaros, para que os hagáis un “croquis” mental de los sitios de Cartagena que frecuentábamos los críos. Al bajar por la calle Sor Francisca Armendáriz, (mi monja) justo enfrente de la Hípica y en el mismo sitio que ocupa hoy la Farmacia veinticuatro horas, ahí mísmico estaba el campo que nosotros bautizamos con el nombre de “Campo del tío perilla”. En ese “campo”, nos pasábamos horas y horas jugando, se da la circunstancia que, por uno de los lados pasaba el rio de la sosa (este “rio” eran los residuos de la Fabrica de Jabón “La Argentina”, la cual vertía sus residuos poco menos que diciendo “agua va” por aquellas fechas, todavía los ecologistas no habían nacido. Figúrense lo que ocurría cuando se caía le pelota al “rio” y entrabamos a cogerla, salíamos (pelota y crio) más suave que un guante, y con picores hasta en los sobacos. Ese mismo riachuelo de sosa, pasaba por delante de la puerta del estadio del Almarjal, recuerdo perfectamente que, para llegar al estadio había que pegar un salto para salvar los zapatos. ¡Mamaica mía! de que época hablo, espero que algunos os acordéis.

En ese tiempo, los Hermanos Maristas tenían su colegio en la plaza de San Agustín, dicho sea de paso, (sin ánimo peyorativo) ese colegio, si ahora todavía es “un poco” elitista, pues… figúrense por aquellas fechas, vamos era casi imposible que el hijo de un obrero pudiera pasar siquiera por la puerta. En aquellos tiempos, no existía la clase media, por lo cual las diferencias sociales eran tremendas. Bueno a lo que voy, porque si no me pierdo en divagaciones. Como decía, los Hermanos Maristas, habían comprado unos terrenos para expandir su actividad docente. Esos terrenos, son los mismos que actualmente ocupa el citado colegio. En la época a que me estoy refiriendo aquello era ir al fin del Mundo, pues había que atravesar el paseo Alfonso XIII y salir a campo descubierto. Esos terrenos, que ya digo estaban “en el fin del mundo”, rápidamente los chavales mayores de aquella época, lo convirtieron en un campo de fútbol, y pomposamente le llamaron el ¡Campo de los Marista!.

Para la chavalería de la época aquello era como jugar en el estadio Bernabéu. Desde luego, no debo escribir nada que se refiera a los Hermanos Maristas sin acordarme de Ávila “El Queo”, personaje singular de la época, y que indefectiblemente va ligado a la historia de ese colegio, y del que en algún artículo he escrito ya algunas anécdotas, pero… es bueno volver a recordar a personajes que en su día eran conocidos por todos los ciudadanos. Decir el “Queo” era nombrar a Ávila (que así se apellidaba) todo un personaje, que se hizo famoso por sus habilidades pateando una naranja (o las peladuras,) el hombre, vivía haciendo honor a su apelativo “Queo”, que era como se denominaba a los “golfillos” de la época.

Un día el “Queo” se puso en la puerta de los Maristas, y empezó a enseñar sus habilidades, pateando (sin que cayera al suelo) lo que le echaran, preferiblemente una naranja. Aquello entusiasmó a los alumnos que, desde ese día le llevaban al “Queo” dinero, comida y hasta ropa. “El Queo” se convirtió en una atracción diaria, que el explotaba para ir pasando sus penurias. Siendo ya un mozalbete, el “Queo” decidió ganarse la vida boxeando, y el promotor Reyes del Camino, le dio la oportunidad que el aprovechó, noqueando a su adversario en su primer combate.

A partir de ese momento Reyes lo bautizó como “Avila la araña del ring” y se hizo bastante famoso, llegando a profesional. La verdad es que me he ido totalmente del tema, pero bueno… ya veis, me lio la manta, me pongo a escribir y se me va el Santo al cielo. Luego me da pena borrarlo, y digo…pues yo lo público y “yasta”. A lo que iba, en aquel tiempo (el que quiera saber cuándo, que indague) teníamos clase todos los días, mañana y tarde de lunes a sábado, menos los jueves por la tarde, porque decían las monjas que el Señor descansó al cuarto día de hacer el mundo. Un día nos dice Sor Francisca Armendáriz, ¡Niños atención! el próximo jueves por la tarde, nos iremos de viaje de estudios y experimentación, decidle a vuestras madres que os preparen meriendas. Yo, más contento que unas pascuas, le dije a mi abuela, Mamá Concha prepárame la merienda que, esta tarde nos vamos de viaje de estudios con Sr Francisca, y mi abuela me preparó un “chusco” con mortadela, envuelto en papel de estraza (entonces no había papel de aluminio). Una vez en el colegio, la monja nos situó de dos en dos (a mí me tocó con José Antonio Ortas) y allá nos fuimos andando de viaje de estudios, ¡al fin del mundo! ¡AL CAMPO DE LOS MARISTAS!. En fin señores, otros tiempos que, afortunadamente han ido cambiando, y ahora podemos ver como los chicos de esta generación, pueden decir…Loren, cómprame unas papeletas de lotería, para ayuda de mi viaje de estudios a Londres y Paris.

Muchas gracias como siempre, a todos los lectores de mi “Farola del Lago'.

 

P.D. Deseo dedicarle este modestísimo artículo, a Don Alejandro Evlampiev Aguirre, persona de gran sabiduría, Doctor en Química, Investigador, y Director de personal de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya. Pero sobre todo enamorado (como servidor) de todo lo que “huela” a minería. Por ello, su tesis Doctoral la basó, en la “Flotación Global” para enriquecimiento de los Sulfuros de Zinc y Plomo. A Don Alejandro, le debo una enorme gratitud, pues me ha regalado para mi colección personal, una autentica ¡Lámpara Minera! que me ha colmado de satisfacción. Muchas gracias Alejandro, os deseo a ti y a los tuyos salud y felicidad.