El día que bauticé JIM

Ahora que Juan Ignacio Martínez vuelve a estar entre nosotros voy a contar algo que nunca lo he hecho y que, por tanto, será la primera vez que lo rebele. Ahí está JIM para decir si es verdad o es mentira cuanto voy a decir.

Juan Ignacio y yo nos conocimos personalmente un 1 de noviembre de 2004 en el campo del ‘Ángel Celdrán’, viendo un partidillo amistoso de entrenamiento entre el la Deportiva Minera y aquel cartagena que entrenó Vicente Carlos Campillo de forma casi fugaz. Él dirigía entonces al Mar Menor y era un perfecto desconocido mientras yo trabajaba en La Opinión. Aquella mañana fría en El Llano del Beal entablamos una buena conexión que acabaría en una profunda amistad.

A partir de aquel día nuestro afecto fue mutuo y en aumento. Y empezó a multiplicarse cuando un Miércoles Santo del año 2005 se hacía cargo del FC Cartagena de Paco Gómez. JIM tenía entonces 42 años y se convertía en el entrenador número 19 y el sexto con Paco Gómez al frente. Fichaba un 23 de marzo, Miércoles Santo, a las 10.30 horas en el estadio Cartagonova procedente del Mar Menor, su último equipo al que lograría estabilizar al equipo en la Liga en su debut en Segunda B. Lo cogió en el puesto 14 con 33 puntos y acabó en el 13 con 49 puntos logrando 16 de 30 puntos posibles. Diez jornadas en total. Renovaría por dos temporadas más, disputando una fase de ascenso en la temporada 05/06 tras acabar el equipo campeón con 73 puntos. Acaba su compromiso, por sorpresa, el miércoles 12 de julio de 2006.

Pues bien, a partir de ahí os podréis imaginar la cantidad de veces que tuve que poner en titulares la palabra “Juan Ignacio Martínez”, que era como se le conocía entonces, con su nombre completo. Con un calificativo tan largo que casi se llevaba una línea de cada titular los problemas eran a diario así que una mañana no se me ocurrió otra cosa que titular al estilo inglés, es decir, utilizando las siglas. Dicho y hecho. Y vine a titular algo así “JIM ya tiene resuelto el equipo que jugará el domingo”. No era ese exactamente pero lo pongo como ejemplo. El caso es que me había resuelto de un plumazo el problema de espacio en los titulares de cada día. Lo envié a Murcia tan feliz.

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Juan Ignacio, en el momento en que fue presentado en su segunda etapa como técnico albinegro

Claro que, con lo que yo no contaba era con que ese día estaba al frente del periódico el que era director adjunto Baldomero Rodríguez, uno de los mejores profesionales que he conocido en periodismo. Baldo, como le conocíamos, si en algo destacaba era en lo tiquismiqui que era a la hora de explicar las cosas. Había que hacerlo bien. Perfecto. Era y supongo que seguirá siendo un tío brillante, un magnífico periodista, así que en esa faceta, en la de ser riguroso, no le ganaba nadie. Por eso, cuando vio ese titular de JIM abreviado le faltó tiempo para llamarme por teléfono. “Manuel Ángel, quien es JIM? ¿Por qué lo ponemos abreviado? ¿Es que no se puede poner su nombre completo?”  ¿Qué invento es ese? y varios epítetos más que me soltarían, así que me devolvió la página, me obligó a titular con el nombre completo y mandó mi gozo directamente a un pozo. Y yo, que estaba tan contento porque había dado con la tecla para reducir el nombre de Juan Ignacio Martínez al vocablo JIM. Iluso de mí.

Pero no me di por vencido tan fácilmente. Al día siguiente Baldo libraba y yo volvía a encontrarme con mi problema diario, el de titular con Juan Ignacio Martínez. Uff, otra vez. Un nombre largo que me dejaba casi sin espacio para seguir titulando así que como aquel día el que estaba era el redactor jefe peor considerado de la redacción, un tal Cerón, del que, afortunadamente para el periódico ya no está, decidí ‘colársela’. Y efectivamente, coló. Volví a titular con la palabra JIM y el redactor jefe a cargo ese día ni se enteró, el invento funcionó y lo mejor es que gustó a tenor de lo que mi jefe directo de entonces, mi buen amigo Carlos Illán, me dijo, que resultaba original el ‘bautizó’ de JIM. ¿Te acuerdas Carlitos?

A partir de ese instante Juan Ignacio Martínez dejó de ser tal y se convirtió en JIM con lo que así estuvimos titulando en La Opinión muchos años hasta que un día en otros periódicos como Marca, As y hasta la mismísima La Verdad decidieron adoptarlo. Juan Ignacio, quien siempre ha sido leal a sus amigos, reconocería un día en los preámbulos de una rueda de prensa intrascendente, que fui yo quien le bautizaría con ese nombre y esta historia que hoy he contado por vez primera públicamente pero que saben algunos amigos míos la dijo aquella mañana Juan Ignacio.

Lo digo porque viene a cuento y para que se sepa la verdadera realidad de porque apareció el nombre de JIM, que es como se le empezó a conocer con el paso del tiempo, sobre todo tras su campañón inicial con el Levante y que las televisiones lo hicieran famoso.

Luego Juan Ignacio volvería a fichar por el Cartagena para firmar aquellas dos grandes temporadas y entonces ya nadie me puso pegas en el periódico para el que trabajaba que pusiera la palabra JIM, que hasta el propio Baldo Rodríguez escribía en la portada. Es una historia personal con Juan Ignacio, con mi amigo JIM con el que después tuvimos nuestros más y nuestros menos futbolísticos, ero esa ya es otra historia superada afortunadamente.

Al ‘chino’, como le conocen sus íntimos por Torrevieja, le deseo lo mejor. Él sabe que poca gente le ha apoyado en el mundo del fútbol como este servidor de las monjas, ambos nos hemos hecho favores impagables y ahí está una reunión que mantuvimos él y yo en el Bar Los Camioneros de Totana, en junio de 2009 con mi hijo de testigo. Acabábamos de presenciar un Lorca Deportiva-Villarreal B de playoff de ascenso a Segunda A. Más de una hora aquella noche hablando y sentando las bases preparando su vuelta en lo que fue el preámbulo para que volviese a fichar por aquel Cartagena que luego haría grande.

Bienvenido a casa JIM, estoy seguro que volveremos a encontrarnos, a trabajar en un proyecto común y a seguir avanzando.