SALIÓ DECEPCIONADO LA PASADA CAMPAÑA POR LOS POCOS MINUTOS QUE LE DIO MONTEAGUDO

Juan Antonio Ros, un celtiña, cartagenero de Los Nietos, con el corazón dividido

El cartagenero Juan Antonio Ros, ahora futbolista celtiña, fue blanquinegro la pasada campaña desde enero hasta el final cedido por el Celta. Pero apenas jugaría 4 partidos y la verdad es que regresó a Vigo decepcionado por los pocos minutos que le dio Monteagudo

Foto: RC Celta de Vigo
Foto: RC Celta de Vigo  

Del pueblo antiguo de Los Nietos. Allí ha vivido siempre –sus padres ahí siguen- hasta que Juan Antonio Ros decidió marcharse a Barcelona. El Barça había llamado a su puerta y la ocasión era demasiado grande como para desaprovecharla. Antes Juan Antonio se iniciaría en los benjamines y alevines del Efesé para cumplir su etapa de infantil en el EF Torre Pacheco, jugar como cadete en el FC Cartagena La Unión y volver de nuevo al ‘Gomez Meseguer’ ya en edad juvenil, de dónde daría el salto al juvenil A del Barça.

Era el verano de 2013 y entonces equipos como el At. Madrid, Espanyol o Liverpool ya se habían interesado por este jovencísimo futbolista, tan bueno entonces como tímido.

Fue futbolista del Barça hasta que acabó su contrato de tres años, no le renovaron y el Celta estuvo rápido para incorporarlo a sus filas. Esta es su segunda temporada y recientemente ha renovado por dos campañas más. Sorprende ver ahora a Juan Antonio Ros jugando como central, una posición en la que apenas había jugado hasta que, en esta temporada, lo han adaptado.

De su paso por el Cartagena en la pasada campaña vino con mucha ilusión pero regresaría al Celta decepcionado con los escasos minutos que le dio Monteagudo en apenas 4 partidos que jugó como blanquinegro. Ahora todo parece distinto para este cartagenero afincado ahora en el Celta B y enemigo circunstancial de su Cartagena del alma, contra el que ahora juega con el corazón repartido.

Juan Antonio está considerado como una de las últimas ‘joyas’ de la cantera cartagenerista, sin embargo y aunque fue fichado amparado por sus virtudes la realidad es que su vuelta a casa no fue para él una experiencia agradable.