miércoles. 17.04.2024
Con su devoción a The Beatles como telón de fondo para estimular comportamientos y extraer tal vez lo mejor de cada jugador. La melodía en la historia del  fútbol cartagenero ha estado presente como estrategia con mayor o menor fuerza en diferentes etapas. Carlos Ríos debe de tener, desde chiquillo, empapelada su habitación con los famosos músicos de Liverpool. El poster de Lennon tiene que ser algo especial.

Vamos a remontarnos a la época de José Luis Belda en la presidencia del Cartagena, en 1991, en Segunda B, cuando el rector fortunero y cartagenero destituyó a Paco Parreño, ‘el Califa’ por una derrota próxima a Nochevieja en Palma de Mallorca ante el filial isleño y puso en su puesto a Voltaire García, un técnico uruguayo casi desconocido en España, que en unas semanas logró clasificar campeón a los albinegros cuando disponía de los Raudona, Ángel, Paco Sánchez, Vicente Naixes, Boria, Pedro Cordero, Rai y tantos otros. La remontada cartagenerista se inició en la salida a Benidorm, con victoria, y después fueron sumando puntos hasta ganar en Alicante al Hércules (0-3) y dejar a los de Vicente Carlos Campillo con dos palmos de narices. El Cartagena fue campeón y solo el 'Contubernio de Getate' dio el ascenso al Santander con el famoso autogol de Pombo (3-4), en el tiempo de prolongación, en la promoción cuando en el viejo Alrcángel de Córdoba ganaban los albinegros. Lo recordarán los aficionados que peinan canas.

Pues, al grano, Voltaire ponía en una cassette, en el vestuario, música de la Lambada antes de los partidos. El ritmo creado en Brasil en los años 70 estaba de moda y tenía influencia de la cumbia y del merengue. El entrenador de uruguayo introdujo esa música antes de los partidos y, casualidad o no, el Cartagena fue para arriba. La Lambada, en portugués, describe el movimiento del látigo. Pero Voltaire jamás dio latigazos a sus jugadores. Era un psicológico que jugó dos fases de ascenso, frustradas, con los cartageneristas: la primera en Córdoba y la segunda en el Vivero de Badajoz, en tarde de hostilidades para los seguidores que se desplazaron con autocares pagados por el Ayuntamiento socialista de José Antonio Alonso.

Ahora, en tiempo presente, llega Carlos Ríos con su afición a la música de la famosa banda inglesa The Beatles para impregnar de melodía los corazones de los alicaídos futbolistas del Cartagena que deja Javi López, al que no cabe achacar toda la culpa de lo que le está sucediendo al colista de la Liga Adelante, porque el delito está en una estructura poco correcta o acertada.

Cuando podía haber llegado con chirigotas inspiradas en los días de gloria carnavalera en el Teatro Falla, tan próximo a su tierra natal, Carlos Ríos, con un buen cartel y avalado por Pedro Reverte, comparece con la música de los monstruos de Liverpool para alegrar el panorama y dar un mensaje de esperanza y de ilusión con unos nuevos procedimientos estratégicos en los campos de juego, un sistema aún por asimilar.

También  el enfermero Genaro Zapata 'el Brujo', I Premio Sportcartagena, utilizaba la música (marchas militares, incuido el himno de los Legionarios) para enardecer a los futbolistas en los tiempos del entrenador Felipe Mesones y de otros preparadores. La música psicológica empezaba a dejarse oír cuando el equipo se dirigía en autocar a los campos de fútbol en los que iba a jugar el Cartagena.

De la Lambada de Voltaire García (1991) a The Beatles de Carlos Ríos (2012)
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