LA ENTREVISTA TELEFÓNICA EN TIEMPO DE PANDEMIA

Simón Ruiz, un socio muy veterano inasequible al desaliento con el Efesé

Simón participando en una tertulia de Sportcartagena.
Simón participando en una tertulia de Sportcartagena.  

Además de albinegro, Simón Ruiz Ferrer es merengue/merengue, es decir del Real Madrid hasta la médula y en la reclusión desempolva vídeos con las gestas madridistas, seguramente con Puskas, Rial y  Don Alfredo dando lecciones de fútbol. Del fútbol de antes.

Simón Ruiz Ferrer ha contraído muchos méritos para poder encontrarse en la posición que como socio o abonado del Fútbol Club Cartagena le da ese plus de mantener su fidelidad y plena identificación con el equipo de su tierra. Llueva, truene, caigan rayos, venga una nevada (difícil, eso sí) o se junte el cielo con la tierra y con el planeta Marte al mismo tiempo, Simón siempre llevará en su corazón al equipo de la ciudad que le vio nacer.

Además de albinegro, Simón Ruiz Ferrer es merengue/merengue, es decir del Real Madrid hasta la médula y en la reclusión desempolva vídeos con las gestas madridistas, seguramente con Puskas, Rial y  Don Alfredo dando lecciones de fútbol. Del fútbol de antes.

 Su profesión fue la de químico en el emporio industrial del Valle de Escombreras y está presente en la mayoría de actividades de Semana Santa;  le encanta tanto el Cabildo de las Yemas como la jornada del Jueves Santo en la que se recibía y reunía  por la mañana a los cartageneros ausentes en un lugar de la ciudad, a techo cubierto, para desarrollar un renovado año tras año un acto de homenaje.

Su fidelidad al Cartagena le ha proporcionado un blindaje vitalicio para descartar que un día se cansará y ya no irá al estadio

Es evidente que a Simón Ruiz Ferrer la experiencia de tantos años viviendo el fútbol (pero jamás del fútbol) le ha proporcionado un olfato de sabueso de este deporte, del que conoce muchísimos entresijos. Siendo una persona muy prudente y educada, además piadosa, jamás se mete en camisas de once varas aunque él tiene su criterio y en cualquier momento sabría resolver los maduros problemas del juego de la pelota a su manera, armado de experiencia. Además de albinegro es merengue/merengue, es decir del Real Madrid hasta la médula aunque entre la conquista de un título europeo por parte de los de Chamartín y el ascenso del FCC a Segunda, sin dudarlo escogería la gloriosa salida de los albinegros del pozo negro y tenebroso en el que aún se encuentra.

Suele participar en alguna tertulia  radiofónica, la del Asiático, mirando al mar, en el Real Club de Regatas aunque últimamente ha limitado sus participaciones en los debates y tampoco envía comentarios de opinión a este diario digital como solía.

Su hijo Simón, entroncado en el Cartagena desde hace años en el organigrama técnico, es entrenador y ha vivido algunas experiencias y se ha curtido. Específicamente uno de los tragos padecidos fue muy duro y lo fue por el hecho de soportar las excentricidades del uruguayo Julio César Ribas cuando éste se hallaba en nómina  como manager general del proyecto de Sport Gol Man.  Iba a ser Ribas el preparador 'vivebién' pero no consiguió la autorización preceptiva. Transcurrida la tormenta de truenos secos, aguantando chaparrones y dando la cara como coraza  de Ribas, Simón entró en una llanura que le da confianza y estabilidad como persona seria y responsable.  Simón junior desempeña una imprescindible labor al servicio de la entidad sita en la calle doctor Luis Calandre. Es el Delegado del equipo, viaja con él a todos los lugares  tiene contacto normal  con los colegiados y está para gestionar que las cosas se resuelvan, aunque algunas sean pecata minuta.

Simón senior mantiene en todo momento su postura de hombre que en su domicilio, en el  confinamiento,  mata muchas horas atento a los vídeos de antiguos encuentros del Real Madrid en sus tiempos más esplendorosos. Así  disfrutar con María José, compañera y madre de sus dos hijos,  de una vida tranquila a tiro de piedra del puerto de mar, de la calle Mayor, del casco urbano típico cuyo asfalto él pisa con paso tranquilo. Normalmente es de los que dan palique y se detiene para conversar unos minutos con los amigos con los que se cruza. Obvio: siempre se conversa en idioma blanquinegro. / G. J.

VÍDEO EXCLUSIVO DE SPORTCARTAGENA