CON CINCO DERROTAS EN LAS SEIS ÚLTIMAS JORNADAS, SU CAIDA LIBRE LE HACE INCLUSO SUBIR UN PUESTO AL EFESÉ, HASTA LA OCTAVA PLAZA Y SIN JUGAR

El Sporting se desploma y pone en peligro la continuidad de su entrenador, David Gallego

De aquel Sporting competitivo, ofensivo, divertido y bonito de ver no quedan ni las raspas, aseguran en Gijón donde ya están seriamente preocupados con este buen equipo pero venido a menos del que, si acaso, queda la voluntad. Pero nada más.

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Momento del gol realista ante el estupor de la defensa asturiana

Por Gijón n se andan con chiquitas a la hora de asegurar que el equipo se ha convertido en una broma de mal gusto, un guiñapo que ni ataca, ni defiende, ni construye ni destruye. La derrota ante la Real Sociedad B supone la mayor mancha de la era galleguista y está al nivel de algunos de los peores esperpentos vistos en El Molinón en este lustro infame del que los actuales gestores del Sporting ya no pueden culpar a la herencia recibida. Malos tiempos los que vuelven a correr por El Molinón.

Mermado por las bajas (aunque no en mayor medida que el rival) el Sporting se pasó casi todo el partido a merced de un filial que llegaba a Gijón en descenso. Lo máximo que logró el equipo gijonés fue alguna fase equilibrada, pero en ningún momento fue mejor que su rival. La disculpa de las ausencias es relativa, porque los once jugadores titulares eran profesionales del primer equipo o, al menos están en esa dinámica, como Pablo García. Lo que se dice un ‘palo’ detrás de otro.

Y el discurso, lejos de aplacarse, continua cuando aseguran que durante la primera media hora el partido fue un auténtico recital del filial realista, que le perdonó la vida a un lamentable Sporting

Perdonó Sangalli de cabeza, Martón no llegando por poco a ras de suelo y Navarro estrellando el larguero un pase de tacón (¡en el área!) de Martín. El Sporting era un pelele.

Solo en los últimos minutos de la primera parte el equipo gijonés mostró constantes vitales. El único tiro a puerta llegó en el minuto 42, después de una buena jugada de Berto, que tiró un buen desmarque, recibió de Pedro, condujo durante varios metros y acabó estrellando el balón en el portero visitante. La acción la inició Christian Rivera, que como un vehículo diesel fue creciendo en el partido, especialmente en la recuperación. Para él fueron los únicos aplausos de una primera parte en la que El Molinón se desesperaba con todos los demás.

Retratados

En la segunda mitad se acabó la bula del Sporting. El gol de Olasagasti retrató a muchos jugadores: a Babin (al que le ganó la espalda), a Mariño (que se quedó petrificado y a Bogdan, que se cruzó dos veces por delante del jugador realista sin ser consciente siquiera de dónde estaba la pelota.

El Efesé ni siquiera ha necesitado jugar para que, gracias al desplome de los asturianos en la clasificación, se pongan por debajo de los albinegros y estos suban una posición para colocarse octavos de nuevo

Solo entonces, con todo perdido, Gallego empezó a mover el árbol, dando entrada a jugadores del filial como Santamaría, César u Oyón. Con ellos en el campo el equipo al menos mostró un punto más de ambición, aunque demostraron tener la misma mala puntería que sus compañeros del primer equipo, o incluso mala suerte.

Al margen de descolgar al equipo del playoff, la derrota y la pésima imagen de los dos últimos partidos desatan un torrente de dudas en torno al verdadero nivel del Sporting y, no nos engañemos, también a la figura de David Gallego. El Molinón, siempre dispuesto a aplaudir, se mostró muy crítico con el equipo y el entrenador o, en el mejor de los casos, bastante resignado.

Por lo visto las caras en el palco de El Molinón eran un poema. O mucho cambian las cosas o el sueño de las primeras jornadas se quedará en eso: en un sueño con un desagradable despertar. Malos tiempos corren por Gijón. Cinco derrotas consecutivas es mucha tela y no hay cuerpo que lo aguante.