jueves. 08.12.2022

Si ese patio de Franciscanos hablase…

A Pencho le conocí hace tanto que ni me acuerdo. Pero mi primera imagen es debajo de una canasta y en aquel pedazo de patio antiguo del colegio Franciscanos, aquel en el que los sábados por la mañana era normal ver al padre Turpín remangándose la sotana para no tropezar...
A Pencho le conocí hace tanto que ni me acuerdo. Pero mi primera imagen es debajo de una canasta y en aquel pedazo de patio antiguo del colegio Franciscanos, aquel en el que los sábados por la mañana era normal ver al padre Turpín remangándose la sotana para no tropezar a la hora de darse un montón de carreras por la banda para animar a aquellos zagales de fútbol cuando no a decirle algún 'piropo' al árbitro de turno. Pues Pencho, fijaros, ya estaba por allí.

Pencho se va pero se queda. Su jubilación no le ha hecho ni pizca de gracia. La mira de reojo. Pero él sabe que van a quedar los cientos de miles de consejos que cada tarde de cada día de cada semana ha ido dándole a sus chicos y chicas, auténticos hijos que hoy son médicos,
arquitectos o ingenieros y que siguen viéndole como todo un profesor del mundo de la canasta.

Hace poco me contaba que todavía se encuentra con amigos que desconocen que su auténtica profesión ha sido la de militar, siempre tapada por esta vocación plena para enseñar todos los secretos de la canasta. Si las paredes de ese patio hablasen… ¿verdad Pencho?

El caso es que jubilarle no va a ser tarea fácil. Yo no me lo creo todavía y me lo voy a imaginar siempre, a eso de las cinco y media de la tarde embuido en su chándal casi siempre azul, o gris, confundido entre las mamás, abuelos y papás, dirigiéndose a su vestuario para empezar a organizar la tarde de cada día, escondido entre las ilusiones de los más jóvenes.

Pencho se ha jubilado, es verdad. Pero no se irá a ningún sitio porque sus pies siempre le van a llevar hasta las canastas del patio del colegio Franciscanos, lo que siempre ha hecho en los últimos treinta y tantos años de su vida. Y en ese tiempo alguna vez, mientras le observaba en su trabajo, llegué a imaginarme a este nuestro querido Pencho en alguno de esos equipos universitarios de Estados Unidos, donde el baloncesto es pasión. Seguramente habría hecho lo que aquí, triunfar como persona.

En fin Penchico ¿qué quieres que te diga? Que aunque te jubiles te voy a seguir queriendo igual.

Manuel Ángel Balaguer
Director Sportcartagena

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