lunes. 30.01.2023

Algunos Nostradamus se están equivocando con el Cartagena

Algún/algunos Nostradamus se están equivocando en cuanto a sus predicciones sobre la suerte del FC Cartagena en la Liga. Más de un Nostradamus de alcachofa erró, como puede errar cualquiera, cuando ya en las primeras jornadas de la competición –seis derrotas en seis partidos- profetizaban desde el púlpito autonómico que...
Algún/algunos Nostradamus se están equivocando en cuanto a sus predicciones sobre la suerte del FC Cartagena en la Liga. Más de un Nostradamus de alcachofa erró, como puede errar cualquiera, cuando ya en las primeras jornadas de la competición –seis derrotas en seis partidos- profetizaban desde el púlpito autonómico que el descenso a Segunda B aguardaba.
Aquella profecía gregoriana iba aderezada por la fantástica y oportuna noticia de lo que venían a cobrar por temporada los ‘mantas’ de los jugadores del Cartagena. Un escándalo. La versión regional de Nostradamus vaticinaba que el dueño de la SAD Paco Gómez iba a despedir doce, trece o catorce jugadores y que tendrían que ser contratados otros tantos.

Nostradamus (el sucedáneo del personaje que nació en Francia hace 500 años) soltó en la misma etapa de desconcierto albinegro algo tan difícil de digerir como que el Cartagena buscaba dos porteros porque Reina y Juanma podrían ser despedidos. ¡Toma castaña!

Que el Cartagena no está fuera de peligro es evidente, que puede descender también es una posibilidad porque  aún juega con fuego, pero una vez que ya puede respirar un poco alejado de los humos contaminantes de las cuatro plazas que regala el diablo para que se caiga en el infierno de una deleznable Segunda B, yo como periodista considerado independiente no tengo más remedio que recordar la teoría de esos Nostradamus de pacotilla, sembradores de la estabilidad de cartón mojado.

A veces, fuera del falso corporativismo, hay que recordar algunas actitudes que causan vergüenza ajena y que descubren fariseísmos. La libertad de opinión es una cosa pero la libertad para incordiar desde los púlpitos y sembrar alarmas con poquísimo fundamento desde una credibilidad que casi siempre viene dictada por el crédito que al libre albedrío da el amo, Paco Gómez, al que se debe dejar trabajar en paz y sin colocar a su paso cáscaras de plátano, que suele ser lo típico, hasta que el de Jacarilla se percate de la tomadura de pelo a la que involuntariamente da pie.

Algunos Nostradamus se están equivocando con el Cartagena
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