Dios y Diego

La muerte de Diego Armando Maradona es de repercusión casi cósmica. Motivo más que suficiente para que Miguel Ángel Russo, argentino de nacimiento pero afincado e hijo de Cartagena desde hace varias décadas, haya querido escribir sobre el desaparecido mito. Es inevitable

Hola Diego pasá, agarrá la suplente y sentate en el banquillo, porque aquí el titular soy yo -. Le dijo Dios a Maradona

Estoy enojado con vos porque podías haber sido un mejor ejemplo para los niños-.

  • ¿…Usted también viejo…? - Le dijo Maradona.
  • ¿No se da cuenta que el que hizo este viaje hasta su casa, es el otro yo de Diego y éste se queda acá para siempre, donde la muerte nos iguala a todos?
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  • Allá abajo se quedó el único, el mejor, el que en cada click de un móvil o un televisor, aparecerá cuando senté a Camacho antes de un gol al Real Madrid, los goles de falta en Nápoles, o en México 86 en el partido contra Inglaterra, donde hice el mejor gol de los mundiales, y en el anterior a éste, donde usted por un segundo fue mortal, porque con su mano, me ayudó a engañar.
  • ¿Que no hice nada por los chicos? Pregúntele a esos pibitos que los confundieron, diciéndoles que me fui y no que me quede para siempre, que lloraban tirados en todas las veredas de Argentina y que tenían en sus cuerpitos, mis camisetas con el 10 en la espalda y una pelota ahí, siempre ahí, cerquita suyo.
  • ¿O no se acuerda de lo que dijeron en mi despedida mis dos Diegos?: “He cometido muchos errores, pero la pelota no se mancha”.

Dios lo abrazó y le dijo: - “Gracias por los pibes”-, se sentó junto a él en el banquillo de suplentes, y empezó a dudar de quien era de verdad el titular