sábado. 24.09.2022

El tambor de hojalata a punto de sonar en honor de España

Nada más conocer que España tendría como escenario, en sus tres partidos de la  primera fase, el estadio de Gdansk recordé a dos personalidades marcadas por esa ciudad: el político Lech Walesa,  que en  1980 fundó allí el sindicato Solidaridad, y el escritoralemán, premio Nobel de Literatura,GünterGrass, que perpetuó su...

Nada más conocer que España tendría como escenario, en sus tres partidos de la  primera fase, el estadio de Gdansk recordé a dos personalidades marcadas por esa ciudad: el político Lech Walesa,  que en  1980 fundó allí el sindicato Solidaridad, y el escritoralemán, premio Nobel de Literatura,GünterGrass, que perpetuó su ciudad natal en su novela “El tambor de hojalata”.   

Leí por primera vez “El tambor de hojalata” en los años ochenta, en un pueblecito de Las Merindades burgalesas, de nombre Medina de Pomar,donde había sido destinado por circunstancias de mi cátedra y pueblo natal de aquel fino jugador, -Chus Pereda-,  ganador,en 1964, de la primera Eurocopa para España. Residente en el hotelito, pleno de arte, llamado “Las Merindades de Castilla, allí rodeado de apacibles viajantes, técnicos nucleares, tratantes, tenderos y sesudos habitantes que apagaban las luces de sus casas a las diez de la noche, las nieblas y el frío invitaban a ello, es donde con esa tranquilidad de limbo la novela de Grass fue para mí una aventura exaltante cuyas páginas me recordaban, apenas me zambullía en ellas, que la vida era, también, eso: desorden, estruendo, carcajada, absurdo, justamente lo contrario a lo que ha sido el primer partido de nuestro seleccionado en esta Eurocopa de 2012.

Hoy he querido, en un releído de mis recuerdos, recordar “El tambor de hojalata”con mis amigos en condiciones muy distintas, relajado delante de un televisor de ultima generación, de una manera impremeditada, accidental y arrastrado por el torbellino del juego desplegado por los azurri y la roja, en el mejor partido de la Eurocopa de los hasta ahora jugados. Estos recuerdos han sido, como el partido, una compensación y un refugio. El fútbol de hoy ha sido, como la vida misma, también, eso: fantasía, verbo, sueño animado y arte deportivo.
El empate ha sido normal y ha estado motivado por ese engalanamiento que, desde que La Española llegó a Gniewino, les está acompañando:  “Unidos por un sueño”, reza el cartel que les dio la bienvenida  y al que siguieron, dentro de las instalaciones de entrenamiento, los colocados por escribanos españoles: “La historia no frena al rival, la concentración, sí”; “La historia no te hace campeón, la humildad, sí”; “La historia no gana partidos, el esfuerzo, sí”; "La historia no marca goles, el talento, sí”.

Buenas intenciones y perfectos mensajes. Los seleccionados los han interiorizado, a las prueba me remito, y con los pies en el suelo, sin ruidos periféricos y con humildad, han sido capaces de empatar este partido. Ha sido un honor y se ha comprobado que España, futbolísticamente, no necesita rescates y, aunque su fútbol no cotiza en bolsa, sí lo hace, solo entre sus gentes.

Cuando “El tambor de hojalata” vio la luz en la Alemania de 1959 su éxito fue instantáneo. También esta tarde se pensaba que la Roja se iba atrever a encarar resueltamente, con total lucidez, el partido ante la escuadra italiana sometiéndola a una disección implacable, frenéticamente desenfadada y chisporroteante de invenciones, resucitada o consolidada de una vitalidad con desparpajo de juego perfecto.  No, no ha sido así y no lo ha sido porque no han sabido hacerlo mejor que en el comienzo de los dos anteriores campeonatos ganados, sino distinto. El partido que acabamos de presenciar ha sido un emotivo ensayo de lo que queda por venir. No han hecho otra cosa que reivindicarse. Como en “El tambor de hojalata” se ha mostrado un mundo, en este casofutbolístico, complejo, pletórico de diversidad y de contrastes, abigarrado, a veces vasto, caótico y en dispersión y animado, fundamentalmente, desde que aparecieron Jesús Navas y Fernando Torres.

En el partido, sobre todo en la primera parte, y tal como se estaba desarrollando, me he acordado de que ocurrió en la ciudad, casi tangible, de Danzig; allí ocurrió lo mejor, lo peor de la mayor parte novelada de su historia y allí la Selección Española ha comenzado a imprimir toda esa ilusión con sabor de lo vivido y lo palpado que tiene su mundo, pese a lo extravagante e incluso delirante de muchos episodios a lo largo del partido.

El partido, como en aquella ciudad histórica de Danzig, hoy ha comenzado, nadie debe tirarse de los pelos, a ser un documento histórico, un producto imaginativo, desalado, algo tan original y arbitrario como aquel hombrecito de la novela cuya voz pulverizaba las vidrieras.Todo en el fútbol, como en la vida, las cosas suelen ser casi siempre ambiguas y contradictorias. La Selección de Del Bosque como la Danzig de Grassha sido un equipo-centauro, con las patas hundidas en el barro de la historia y el torso flotando entre las brumas de la victoria.
La Selección, como “El tambor de hojalata”, ha tenido esta tarde de junio la consistencia inmaterial de los sueños y, a ratos, la solidez del artefacto de un fútbol conocido y recordado. Nos ha recordado, a ratos, ser un ente móvil cuyo pasado futbolístico trataba de incrustarse en el presente pareciendo un híbrido fantasioso, incierto y traslaticio.

El estreno del Grupo C ha sido un buen estreno en el que el fútbol ha coexistido,  dejando ásperos sedimentos sin cambiarestilos de juego, banderas, emociones, optimismos ni de pobladores al compás de los vendavales de nuestro tiempo.

El partido nos ha servido para comenzar a evocar sus recuerdos que harán historia, no como aquella, que también. Ya no existe prácticamente nada de aquella que es materia de nuestra evocación, era alemana y se llamaba Danzig; ahora es polaca, su nombre es Gdansk; es antigua y ha asistido a quela Selección Española haya comenzado su andadura europea empatando con Italia.¡Recuérdenlo, este empate será el comienzo de recuerdos que harán historia!

Pedro-Roberto J.P. En un “Rincón para Doce”.Dies 6/10: ante diem quartum  Idus Iunias. Nº 239.
http://lamedusapaca.blogspot.com.


El tambor de hojalata a punto de sonar en honor de España
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