Diferencias entre Tenis y Pádel

A pesar de que muchos entiendan en ambos deportes un lazo indiscutible –y que, en parte, es cierto–, el tenis y el pádel guardan ciertas diferencias entre sí. No sólo por cuanto se refiere a su terreno o su reglamento, sino en factores básicos como su equipamiento o su filosofía.
Diferencias entre Tenis y Pádel
Diferencias entre Tenis y Pádel

Juntos, pero no mezclados

En el último año, deportes como el pádel han acabado por desbancar al tenis en cuanto a popularidad entre los más jóvenes. Aunque muchos puedan creer en primera instancia que uno no dista demasiado del otro, la realidad es que cada uno de estos deportes guarda sus propias características más allá de sus respectivas reglas de juego. Del mismo modo que el futbol no consiste sólo en patear un balón, el pádel y el tenis tampoco tratan únicamente sobre golpear una pelota blandiendo algo parecido a una sartén plana. Más allá, constituyen unos de los deportes más relativamente sencillos de practicar, pero que también dan cabida a una gran profesionalización.

Pese a su similitud, el tenis y el pádel guardan sus diferencias entre sí, cada una pensada para hacer de dicho deporte en su propio campo una actividad más eficiente en función de su propósito. En primer lugar, salta a la vista que el equipamiento para padel es ligeramente distinto al material del que precisa el tenis. Por una parte, las pelotas de pádel pueden ser algo más grandes que las de tenis, lo que añade un peso mayor a su aumentado volumen. Y, por otra parte, lo que en tenis se conoce como raqueta en el pádel se denomina pala y, compacta, absorbe más el golpe de la pelota restando la velocidad que sí admiten las cuerdas entrelazadas de la raqueta. Pero, ¿por qué estas sutiles diferencias?

Orígenes: del siglo XVIII a finales de los ’60

Abordando sus orígenes, quizá, la mayor consolidación del tenis como deporte no sólo ampliamente practicado, sino tremendamente mediático, se debe ya a su dilatada carrera, remontando su nacimiento en Europa a finales del siglo XVIII. Principalmente jugado por las clases altas de las sociedades angloparlantes, el tenis poco a poco se amoldó a la tendencia de todo deporte que se precie ampliando su accesibilidad, aunque su sesgo profesional se sitúa a mediados de los años ’20. Como curiosidad, la palabra tenis proviene realmente del verbo francés tenez, que en su traducción literal significaría “ahí va”, en relación a lo que exclamaban los tenistas antes de golpear la pelota.

Por otra parte, el origen del padel es mucho más reciente. Aunque, a efectos prácticos, parta de una modificación del tenis para hacer del juego algo más sencillo y menos farragoso, sus diferencias son dignas de mención. Según las fuentes, debemos el pádel a la invención del mexicano Enrique Corcuera en 1969, quien realizó unas pequeñas alteraciones al entorno del frontón de su vivienda, añadiendo unas paredes adicionales y una red en medio de la pista improvisada creando una variante del tenis mediante el que poder utilizar las paredes circundantes para el juego. Aunque sea un cambio muy sutil, ello permite facilitar el juego e incluso hacerlo más interesante, dado que dichas paredes ayudan en el juego.

¿Palas o raquetas?

La principal diferencia entre ambos deportes, como se ha mencionado, radica en sus respectivas herramientas. Mientras que la raqueta de tenis lleva cuerdas para ejercer cierto grado de presión para que la pelota adquiera velocidad al golpearla, la pala de pádel es una superficie plana, normalmente fabricada a base de carbono y con un núcleo de etilvinilacetato (EVA), un material de goma ligero y poroso. Además, y aunque también suceda de otro modo en el tenis para facilitar el manejo del jugador, existen tres tipos de palas de pádel. Cada una, pensada para abordar distintas necesidades sobre nuestro control, la potencia o la polivalencia de la misma. Lo que, para un jugador experimentado, incrementa y explota las habilidades en la cancha.

A ello se suman las ya mencionadas diferencias entre pelotas y que, a pesar de cuán sutiles puedan parecer a primera vista, hacen que no sean compartibles entre uno y otro deporte. De hecho, mientras que la pelota de tenis tiene una presión de 8’1Kg, su deporte hermano la reduce prácticamente a la mitad, encontrando que las pelotas de pádel se sitúan en una presión de entre 4’6 y 5’2Kg. Esta diferencia, no poca, hace que el efecto rebote sea menor, por lo que es más difícil que las pelotas salgan fuera de la pista y, más allá de ello, el juego es menos explosivo. Resultando así en un deporte muy ergonómico y adaptable a todo tipo de jugadores, tanto profesionales como sin experiencia.

Diferencias en el campo de juego

Asimismo, el terreno de juego es ligeramente distinto entre ambos deportes incluso en su nomenclatura. Por una parte, la cancha de tenis es algo mayor que la pista de pádel, con 23’77m de largo por 10’97m de ancho de la cancha frente a los 20m x 10m de la pista. Cuanto a su superficie, las diferencias no son muchas, aunque las reglamentarias son las pistas de cemento o césped artificial y, en el otro lado, las canchas de tierra, cemento o césped. Como plus que matiza más la diferencia entre ambos deportes, en el pádel encontramos que las paredes pueden ser de hormigón o vidrio. Esto, sin punto de referencia con el tenis, dado que carece de dicho límite.

Por supuesto, existen más diferencias entre ambos, como sucede con su distinto reglamento, que obedece, a su vez, a dichos factores variables. Esbozando algunos ejemplos, en el pádel se saca por debajo de la cintura, mientras que en el tenis debe hacerse por encima; del mismo modo que el pádel debe jugarse siempre con parejas, cosa que es sólo optativo en el tenis. Al fin y al cabo, ambos deportes son de una gran intensidad y placer físicos, aunque lo que cuente sea siempre la preferencia del jugador. Y, por fortuna, ambos deportes comparten emoción sin apenas competir entre ellos, aunque sólo la popularidad del pádel en el último tiempo marcará su vencedor.