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Venancio Luis Agudo, entrenador de periodistas, un homenaje necesario e imprescindible

Por Ricardo Díaz-Manresa | 13 de mayo de 2020

Venancio Luis sentado junto a Miguel Berroca
Venancio Luis sentado junto a Miguel Berroca
Este no es un artículo de fútbol y mucho menos de deportes, sino un homenaje de miembros de esta Redacción de SPORT CARTAGENA, a un periodista que nos tuvo a sus órdenes, a Guillermo y a mí, y que ha fallecido recientemente a los 90 años.

La gran historia de su vida transcurrió en Murcia y muchas veces lo veíamos -yo siempre- como un entrenador de fútbol, con largos e intensísimos entrenamientos que terminaron en grandes periodistas, campeones de la vida. Formó cantera para periódicos propios y extraños y no dejó indiferente a nadie, a los que jugaban poco o a los que intervenían mucho, pero rotaba como nadie.Y como nadie les sacaba el máximo partido.

Y además esta singular historia, repetida pocas veces, tuvo como escenario Murcia como central, tan cercana a nuestra Cartagena y como experiencia profesional profesional de expansión nuestra ciudad. Murcia y Cartagena, Cartagena y Murcia, siempre en competiciones de todo tipo, deportivas o no. Venancio Luis Agudo cuando llegó a Murcia era el periodista director de periódicos más joven de España y en “La Verdad” hizo el milagro de los panes y los peces y convirtió un diario, que era uno más y atravesando mal momento, en la sensación europea : acaparó las provincias anexas como Alicante y Albacete, con periódicos propios de la misma marca y, dentro de cada uno de ellos, con ediciones especiales diferentes para cada una de las ciudades más importantes de la zona. Un milagro.

Estuvo en Murcia durante 14 años, a donde llegó con una edad magnífica :48 y allí nacieron sus 7 hijos. “Los años más felices de mi vida” declaró siempre. Con el prestigio ganado en la capital del Segura, alcanzó diferentes puestos importantes, siempre dentro de la Editorial Católica, la empresa de toda su vida, fidelidad eterna. De “La Verdad”, completada la aventura, pasó a “El Correo de Andalucía”, con sede en Sevilla, pero eran ya otros tiempos y no hubo explosión además porque lo de Murcia sólo puede ocurrir una vez en la vida.

Pasa a dirigir la agencia Logos y deja ese puesto para ser el Secretario General Técnico de la Editorial. Y en 1983 se sienta en el trono de la empresa para dirigir el diario “Ya”, de enorme éxito en esas décadas, tras José María Castaño y Gómez del Valle, que fue redactor jefe mío en la redacción de RNE. Sus tiempos en “La Verdad” (1959-1972) fueron como los del novillero que acaba de tomar la alternativa y arrasa siempre. Triunfa a diario y puede con todo lo que le pongan delante. Tenía la fiebre en los ojos y el calor en el corazón. No había ni hubo quien lo parara. Y empezó a parir ediciones y periódicos y darles mucha categoría (Cartagena 1960 y Alicante 1962, los primeros). Había estudiado con una beca la prensa regional de Francia y Alemania. Venía con la lección muy bien aprendida.

Su vida profesional basada en el trabajo y la vocación tuvo como resultados éxito, fuerza arrolladora y formación de cantera. Salieron muchos de su Redacción para puestos importantes Y les cuento mi historia en Murcia, muy significativa para muchos:

El verano que me tocaba hacer prácticas obligatorias llegué a Murcia al diario “La Verdad”, hecho un pipiolo –con 18 años, o casi, más o menos- al verano terrible y tórrido de esa tierra y me encontré con el director, Venancio Luis, y le ví en nuestro primer encuentro con mucha personalidad, decisión, trabajo y el objetivo de que su periódico pasara a ser un gran diario regional. Y me dijo: “Tendrá usted muchas ganas de trabajar”. “Sí, claro”, no había otra respuesta,. porque iba a aprender. Y me comunica el “menú”: - Viene al periódico sobre las 10, se lee los periódicos, ve los reportajes o entrevistas que se pueden hacer, me llama, le indico alguno de estos trabajos que me propone, los hace y los deja preparados para la edición del día y por la tarde corrige todas las crónica de los corresponsales de la región, a continuación lee el teletipo y escoge las noticias nacionales y naturalmente se queda al cierre porque aprenderá mucho (al final de todo el día) si le apetece. Y la tarde de cada día en una sección diferente para que las conozca todas. Total, un horario de 10 de la mañana hasta las 2 o las 3 del día siguiente, en la madrugada. En resumen, 16 ó 17 horas.

Después de mi primera conversación, caí en que tenía 6 ó 7 horas para dormir y tiempo, naturalmente, para comer y cenar. Lo de comer era peliagudo porque cualquiera salía a esa hora a la sartén de la Plaza de los Apóstoles donde estaba entonces el diario. Ir a cenar era más llevadero. Y pensé : “éste me vuelve loco” porque además no tenía experiencia y nunca había trabajado en una Redacción. “ pues esta será la vida de los becarios”.

Mi única experiencia de trabajo en Madrid de estudiante eran mis colaboraciones en el semanario Dígame y en la Agencia Logos. Pero en seguida me contagió su entusiasmo, su decisión, sus ganas, sus objetivos y, como me gustaba el periodismo a rabiar, pues lo llevé muy bien. Recuerdo que la Redacción era una sin Venancio Luis y otra, completamente diferente, con él. Cuando lo veía entrar, me miraba el subdirector o redactor-jefe José María Almela y me hacía una seña con la mirada como diciendo ya está aquí, para ponernos en guardia. Y así día tras día y yo, contento.

Total, el calor no te dejaba salir a la calle y, por tanto, donde mejor estaba era en la Redacción. Y además aprendía muchísimo del Director. Terminando julio cambió mi vida radicalmente en el periódico. La figura había sido y era en el periodismo murciano Ismael Galiana, que se encargaba de las grandes entrevistas y los grandes reportajes y los artículos destacados…Pero entonces, en aquel momento, en fecha tan inoportuna, se despidió ante una mejor oferta y dejó colgado al periódico y sin información diaria a página o dos páginas de las playas, que allí nunca se había hecho.

Pues me llama mi Director y me dice: - “Tenemos un problema porque nos ha dejado Galiana y necesito un sustituto urgentemente. Si te atreves, empiezas mañana…” Casi me mareo, el pipiolo sustituye a la figura…pero pensé sobre la marcha “empieza y si no vales, ya te quitará…”. Pero algo me habrá visto cuando confía en mí…o al menos me da una oportunidad. Para esta labor, tenía dificultades y una muy importante era no disponer de vehículo y viajar en autobús de línea a cada playa (porque no había para más). Muy poca comodidad y estamos hablando de aquellos tiempos duros pero ilusionantes. Me iba de Cartagena a donde fuera y volvía por la noche a dormir si había combinación. Era un inexperto, que no se había visto en otra, tenía que decidir todo. Y ocurrió que en mi afán de reflejar la actualidad y la verdad, pues llegué a Mazarrón, donde veraneaba la familia Agudo, y yo no lo sabía, y titulé el reportaje “Mazarrón : playa inmensa de matas marinas”, porque estaba llenísima de algas. En las fotos apenas si se veía la arena. Y no sé quién repasaría el reportaje, que salió a toda página tal cual . Suena el teléfono, oigo su voz de superenfadado y me echa una bronca de tres pares: - ¡”Que mi familia veranea allí”!. Replico que en la Redacción alguien habrá que decida y pienso : se acabó la aventura, volveré a Murcia al gran horario o la calle. Y me dice :”Siga pero tenga cuidado”, frase que le agradecí con toda mi alma . Y todo terminó bien y se acabó el veraneo. Y quedé satisfecho de un verano tan pleno y positivo.

¿Cuántos años estuviste con él? me preguntó por teléfono su hijo Luis hace pocos días cuando le llamé para darle el pésame. Nada, ese verano. Y parte del verano sólo porque durante mi labor de enviado especial rodante apenas si aparecía por Murcia, pero fue suficiente ese período para que se convirtiera en personaje esencial de mi vida. Era un ciclón que a pasos agigantados alcanzaba sus objetivos.

Reforzó la Delegación de Cartagena, mi primer nido de sueños, y creó redacciones en Alicante, Albacete y Elche entre otras, con ediciones totalmente diferentes, regionales, provinciales y locales. Cuatro o cinco periódicos diferentes. Parecía una locura. Las personas fundamentales que me hicieron periodista, fueron cuatro: mi padre, mis dos hermanos mayores y Venancio Luis Agudo, fundamental para mi carrera, consolidó mi vocación y me dio una gran energía para trabajar en este oficio.

Tal huella dejó en mí que nunca le he podido olvidar y ni lo olvidaré nunca. Y él se acordó de mí años después -13 ó 14 calculo- porque me llamó por si me interesaba trabajar en su nueva aventura, “El Correo de Andalucía”, de Sevilla, pero no pudo ser porque entonces dirigía el Diario Hablado de las dos y media de la tarde, después a las dos, con la transición política, interesantísima, apasionante, la democracia por medio o la apertura de Radio Nacional poco a poco –sí, hacia la democracia- utilizando ya la dictablanda. Pero fijaros : sólo convivimos Venancio Luis y yo profesionalmente un verano y después de años seguía el vínculo.

Ya puesto, no puedo dejar de recordar a otras personas importantes de mi vida periodística, otros grandes profesionales destacados: - Francisco Ruiz de Elvira –director en aquel momento de Informativos de RNE- que me lanzó en un gran salto, con mucha más responsabilidad que de pipiolo a “hacer las playas”. Pasé de redactor de internacional a Director del diario hablado de las dos de la tarde.

Palabras mayores. - Antonio D. Olano a quien escribí a mis 14 años o así siendo él un periodista famoso en el diario “Pueblo” para felicitarlo por sus crónicas entonces de la Vuelta Ciclista a España y me quedé sorprendidísimo al recibir una larga carta suya animándome a seguir la profesión. Después coincidimos mucho profesionalmente, sobre todo el tiempo que se dedicó a los toros, en especial la época en la que acompañó al malogrado José Cubero “Yiyo”. - Gonzalo Carvajal, cronista taurino de “Pueblo” a quien visitaba algunos días todos los años de la Feria de Murcia, en el hotel Victoria, cuando me escapaba a la capital. Un día le llevé una crónica que me había encantado para que me la firmara, se puso muy serio, me miró fijamente y me dijo : “A ti no, a ti no te puedo hacer esto” . Recuerdo ese momento que no entendí y me emociono siempre porque en mi inocencia me enteré tiempo después que tenía compradas las páginas al periódico... Pero fue para mí un gran cronista de toros, que me animó a seguir la profesión. Hablaba conmigo como si yo fuera algo más que un crío aficionado a los toros y al periodismo. Y casi más honrado que la mayoría.

Este artículo tengo que agradecerlo a Luis Agudo, su hijo mayor de los 7 hermanos que son, por su invitación a escribir cuando le llamé para darle el pésame porque mi gran ídolo falleció el pasado 14 de marzo a los 90 años. Y ya puesto, proclamar con toda la emoción del mundo que Venancio Luis Agudo fue un ser irrepetible e inolvidable. Hay seres que son inolvidables pero repetibles. Èl, no :inolvidable e irrepetible. Pocos lo consiguen. Periodista de periodistas, como gran director de periódicos.

En el toreo se dice cuando algún torero alcanza la excepcionalidad, la del genio, que ha pasado de ser torero para aficionados a torero de toreros. Venancio Luis, un ciclón, un ejemplo de ilusión, de fuerza y de trabajo, luz y guía de vocaciones para periodistas honrados y libres. De hecho, como entrenador su cantera fue inagotable, con directores para todas las grandes ediciones que fundaba. Verlo trabajar y dirigir era un espectáculo. Tenía mucha imaginación y creatividad. Lo aprovechaba todo.

Mi relación con Venancio Luis en aquel verano inolvidable fue hace unos 60 años, arriba o abajo, y lo escribo con el sentimiento y la emoción como si fuera ahora mismo. Los seres humanos inolvidables e irrepetibles tienen eso. Y perdón también porque la Asociación de la Prensa de Madrid, en la víspera del día del patrón de los periodistas San Francisco de Sales, homenajeó el pasado enero, entre otros, en los salones de la Fundación del Diario Madrid, a los asociados que cumplían 90 años, entre los que estaba Venancio Luis y me entró gran alegría porque iba a poder verlo de nuevo.

Bien que lo sentí porque habló en nombre de ellos Juan José Bellod, gran periodista, buen amigo y mejor compañero de RNE, que me dio en un momento difícil para mí un gran consejo viéndome que iba a meter la pata: “Haz siempre lo que quieras pero nunca nada que te perjudique”. Intenté ponerme en contacto con la familia, después de lo del Patrón, pero vino el coronaví y no pudo ser. Lástima.

Espero que mis hijos, amigos y colegas conozcan esta bonita historia y parte importantísima de mi vida y sepan el respeto y agradecimiento que tengo por ti, maestro. Venancio Luis Agudo nada menos.

 

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