Alonso Gómez López, un ejemplo a seguir

No pretendo desde estas líneas, glosar las bondades ni regalar lisonjas a nadie. La única verdad del motivo que me mueve a expresar con estas líneas, es el reconocimiento a una persona entrañable, singular e irrepetible y que será recordado en nuestra ciudad incluso cuando deje de estar con nosotros de manera activa.

Muchos lectores se preguntarán “¿con qué autoridad te crees tú para escribir sobre Alonso?”.

Pues bien, estoy seguro de que habrá personas más renombradas y posiblemente más capaces que yo pará dedicar un artículo a este singular personaje. Pero mi mente y sobre todo mi corazón me invitan, y diría yo que me empujan, a realizarlo. Tal vez sea una osadía, pero seguro que quienes lo quieran y aprecien entenderán que mi atrevimiento sea con un buen fin.

No quiero desde este espacio exagerar ni aumentar el currículum deportivo de este hombre, unas veces criticado y otras muchas más elogiado.

Solamente, pretendo recordar a los aficionados al deporte que lo han conocido desde hace muchos años, así como a los más jóvenes que no tuvieron la oportunidad de ser contemporáneos con él,  que difícilmente encontraremos a alguien tan singular y que haya destacado en todo lo que se haya propuesto como nuestro Alonso.

Corrían los años finales de la década de los sesenta y principios de los setenta cuando una lesión desgraciada,  siendo portero de los juveniles del  C. D. Cartagena (denominación anterior del Cartagena F.C, pero conservando el mismo registro), le hace dejar la práctica activa del fútbol como jugador. No sabremos nunca si con esa lesión perdimos un gran portero o ganamos un mejor árbitro.

Inmediatamente después de su retirada como futbolista,  y debido a esa pasión por el deporte rey, se inscribió en el Colegio de Árbitros de Fútbol en su delegación de Cartagena. Con prontitud, aunque con mucha más dificultades que en la actualidad debido a lo peligroso de la actividad arbitral por aquéllos campos de Dios, fue ascendiendo desde las paupérrimas categorías inferiores hasta conseguir lo que nadie ha conseguido en Cartagena, es decir, permanecer durante siete temporadas en la Primera División del Fútbol Español,  al cual tuve el inmenso honor de acompañar en bastantes ocasiones por la geografía española como Juez de Línea y como Cuarto Árbitro.

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Alonso Gomez López en el centro, junto a Diego de Haro y Zaplana de Miras

Alonso no era el más destacado  de los colegiados españoles, pero sí de los más respetados y valorados por los que entienden de esta noble actividad. Aún recuerdo en el vestuario del  Estadio Vicente Calderón, en un Atlético de Madrid – Sevilla, el año que hizo el doblete quedándose campeón de liga y copa el equipo en el que militaba como futbolista Diego Simeone, cómo el malogrado Jesús Gil quiso entrar a saludar al equipo arbitral, entre los cuales se encontraba un servidor,  entablando una larga conversación con Gómez López, reconociéndolo  y destacando su buen hacer  dentro de los terrenos de juego.

Fruto de su buen hacer, tanto dentro como fuera de los campos de fútbol, fue el merecido homenaje que le realizamos los compañeros al acabar su carrera arbitral, asistiendo a dicho acto  cada uno de los dirigentes de la Real Federación Española de Fútbol, encabezados por su presidente entonces Ángel María Villar, así como el máximo dirigente del organismo arbitral como era Victoriano Sánchez  Arminio. También asistió el anterior presidente en los tiempos del discutido Pablo Porta,  José Plaza, el cual me dijo cuando lo trasladaba yo desde el hotel al lugar del acto “Alonso es el Árbitro más elegante de España” refiriéndose a su inmaculada imagen de ‘gentleman’.

A Alonsico, como le decimos los que lo apreciamos, jamás  lo habrá visto nadie con una botella ni un vaso con bebida alcohólica a lo largo de su vida. A lo máximo que llegaba, como diría su asiduo asistente Jesús Zaplana ‘El Moro,’ era a tomarse una ‘Mirinda’. Y, ¿qué me dicen de sus impecables e inseparables trajes con la colección de corbatas más extensa jamás vista?  Aún no me explico cómo es posible verlo entrenar por cualquier lugar de nuestra preciosa ciudad y no despeinarse ni  lo más mínimo. Me imagino que mucho tendrá que ver en esto nuestro amigo común “Manolo, el Peluquero”.

Su constancia, entrega,  dedicación, profesionalidad y, sobre todo, su forma de ser hicieron que una vez terminada su carrera como árbitro activo, lo eligieran para continuar vinculado al estamento arbitral  nombrándolo Delegado Informador de Partidos, encargándose de evaluar a los árbitros más destacados del organismo federativo de arbitral.

Sin haber terminado su periplo como colegiado, fue tentado por la política siendo nombrado Concejal de Deportes de Cartagena, cargo que ostentó nada más y nada menos que 16 años. Durante su mandato al frente de la concejalía se lograron algunas “hazañas”, nada acostumbrados en esta maltratada y a la vez amada ciudad de Cartagena, como fueron  la consolidación del Fútbol Sala Cartagena en la máxima categoría nacional, el ascenso del Voleibol a la primera división española, el Tenis de Mesa Femenino en los primeros lugares de la primera división y el añorado, anhelado y recordado ascenso a la división de plata del  fútbol español de nuestro F.C. Cartagena. No olvidemos también que las obras del Palacio de los Deportes se iniciaron bajo su mandato.

Al acabar su labor como Concejal de Deportes y  después de otros cuatro años como Concejal de Consumo y descentralización,  fue nombrado Director General de Deportes de Comunidad Autónoma. Difícil empresa que tuvo que “lidiar” administrando unos escasísimos recursos económicos, siendo esta región la que menos dinero destina al deporte de toda la geografía española. Pese a ello, ha sido reconocido por todos los clubes y asociaciones deportivas de toda la comunidad autónoma como un trabajador incansable y preocupado por los problemas. Para ello, recorría incansablemente todos y cada uno de los rincones de este sureste mediterráneo. Nadie podrá negar su profunda entrega y dedicación siendo capaz de presidir un acto con relieve nacional una noche de sábado y a la mañana siguiente en un domingo de agosto a las nueve de la mañana, estar entregando las medallas de chocolate en la carrera de sacos del barrio del suspiro verde.

Un hombre con buenos sentimientos hacia todo lo que lleve el nombre de Cartagena, muestra de ello fueron las lágrimas que le descendían por el rostro hasta acabar en su perfilado bigote, cuando acabó el  desdichado partido de Majadahonda.

Ahora, en el momento del adiós, cuando las personas que han compartido con él tantas y tantas situaciones (llámese árbitros, trabajadores de las Concejalías en las cuales prestó sus servicios,  compañeros de la Dirección General de Deportes, colectivos vinculados al deporte en general…) se vuelcan en halagos merecidos, y destacamos lo grande que ha sido como deportista y sobre todo como persona. Podría ser interminable la cantidad de fechas, premios y menciones a todo lo que le ha acontecido durante su dilatada trayectoria.

No quisiera despedirme sin destacar las figuras de los que más han sufrido las ausencias de nuestro querido Alonso, los cuales  deben de estar locos de contentos y le van a agradecer la decisión tomada. Ellos son su  esposa  Juani, su hija Carmen María, su hijo Raúl y sus tres nietos.

P.D. No olvides ordenar los cientos y cientos de fotos que cuelgas en las redes sociales, ahora que tienes tiempo, por algo te llaman los ‘bordesicos’ “el rey de la cámara”.