martes. 29.11.2022

Arturo, punto final agridulce

 Buen destino el de Arturo una vez que llegó el punto final cartagenerista. Para el delantero que solo pudo alcanzar un promedio goleador de 0,22 por partido disputado (el resultado de repartir 8 goles entre los 35 encuentros disputados por él entre Liga y Copa del Rey). La estadística a mano deja más recuerdos visuales (imágenes de su indiscutible pelea tesonera, sin tasa en el área de los rivales) que de sus tropecientos tiros en la madera cuando se cantaba gol en el Cartagonova. Arturo estaba negado a la hora de rematar la faena.

Otra cosa: en el arte de resolver el “cara a cara” con los porteros siempre perdía. Arturo llegó con fe al actual Cartagena de cuyas bases salió y mantuvo el tipo en el experimento del Cartagena/La Unión (2010-11)  que Paco Gómez ‘El Paloma’ borró de un caprichoso plumazo dejando en la estacada un proyecto. Belmonte hizo una apuesta doble el pasado verano que la mayoría vio bien, coincidiendo en el tiempo: la de Arturo y Fernando en el mismo paquete. Dos casos diferentes pero coincidentes en la realidad de que contra la voluntad del fichador no resolvieron los problemas de la falta de gol. Nunca segundas partes fueron buenas. No me gusta este tópico aserto pero muchas veces hay que rendirse ante la evidencia. Entre los dos atacantes sumaron 10 goles. La aportación de Fernando fue de dos dianas. Ya en el Reus y en el Hércules, desde que salió el sevillano del Cartagena con la mejor estela, apenas había destacado.

Agridulce salida la de Arturo, sellada el día de Santiago. “¡Santiago y cierra España!”, se decía desde la batalla de las Navas de Tolosa, en la ya lejana Reconquista. Y en esa jornada de 25 de julio Arturo cerrò  su operación  de trasvase al UCAM Murcia con la mano tendida por Pedro Reverte, que confía en él como confió en su momento en Pablo Pallarés (otro bajo balance técnico en el Cartagena) y después lo resucitó con una campaña (8 goles en 2015-16) bastante aceptable del delantero valenciano con los universitarios, coronado con el ascenso a Segunda.

Nadie quería en la grada que fuese el foco de las críticas más ácidas, pero lo fue

De Arturo, entusiasta canterano en Ciudad Jardín y Dolorense, se puede decir, sin ser ninguna herejía, que siempre se dejó el alma por el Cartagena en el campo de juego pero sus esfuerzos no fueron compensados. Un componente de mal fario también tuvo en contra. Nadie quería en la grada que fuese el foco de las críticas más ácidas, pero lo fue en una campaña en la que la insistencia de Alberto Monteagudo en mantenerlo en detrimento de otros compañeros que salieron del club en el mercado de invierno  fue un error involuntario que desgastó tanto al entrenador como al tesonero futbolista, tan honrado como torpe y desacertado en el área contraria 

Suerte, mucha suerte a Arturo. De verdad.

Arturo, punto final agridulce
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