domingo. 25.09.2022

Cada vez más exigentes

En determinada campaña en Segunda B el Cartagena encajaba goles sistemáticamente en los primeros momentos de sus partidos en casa. Lo recordarán los veteranos aunque tampoco fue hace mucho tiempo. Pero entre los minutos 1 y el 6 a las redes de su portería llegaban los balones chirriando, no se sabía  cómo  ni por qué, y ya estaba el 0-1 puesto en el marcador. Faltaría concentración o acaso sobrarían propios despistes humanos  pero sospecho que los equipos adversarios tendrían tipos muy listos para sorprender a las primeras de cambio con tanta habilidad y precisión en meter goles en frío. A esta excepcional situación, que llegó a preocupar durante mes y medio al organigrama técnico, al final se le puso freno.  

Ahora, en la actual campaña sucede lo contrario y ha entrado y se ha impuesto la moda por parte del Efesé del submarino en el logotipo de encajar goles en los últimos minutos y en tiempo de prolongación. Que, de paso, es lo que más duele y mosquea. Y este dolor hace que se tapen y olviden con suma rapidez los buenos momentos de juego de calidad del primer tiempo en la salida a Badajoz y el extraordinario partido de Copa con el Girona el día 15-E, que perdieron los albinegros de una manera injusta, sin entrar en más detalles como el del siniestro arbitraje. Pero este lado bueno de las cosas se olvida, deja de ser valorado, y se mete en el paquete de la torpeza del equipo y se le endosa al entrenador, entre otros protagonistas deslucidos, la responsabilidad de los resultados. En este caso Borja Jiménez creerá haberse lanzado en sus primeros pasos en Cartagena, ¡zas!, a una piscina con tres docenas de pirañas con buen apetito.

Después de estas desventuras que no han impedido seguir líder con 2 puntos  sobre el segundo del grupo, se abre la compuerta de las especulaciones y se echa en falta de todo: un preparador con más carácter, no tan joven y pipiolo (Munúa tiene seis años más que el de Ávila y otras filosofías de comportamiento); se discuten las alineaciones y hasta los cambios, con razón o sin ella; se culpa a la ausencia de ‘puntilleros’ en el ataque porque no se hacen más goles y además se encajan más, y se piden refuerzos en plural. Son unas incorporaciones que no llegan por ahora mientras los demás equipos ya tienen casi realizada toda la faena de jugar a la lotería del mercado acosados por los agudos representantes de los mejores futbolistas para mejorar sus plantillas (en teoría, claro, claro…)

Y este cambio de panorama para Borja puede ser descomunal, palabra de siempre que prefiero a la de brutal, por las exigencias y la consiguiente presión que está encontrando el sucesor del uruguayo en Cartagena. Y es que no es lo mismo estar en el banquillo del Mirandés o del Rápido de Bouzas, muy dignos clubes, pero con muchas menos prisas en alcanzar los objetivos, que tener que colocar a la entidad en su cuarto playoff de ascenso consecutivo tras los históricos y sonoros tres fallos consecutivos anteriores, eliminados por Barcelona B, Rayo Majadahonda/Extremadura, con Alberto Monteagudo, y Ponferradina, con Munúa.  De todo esto no es culpable Borja, al que habría que dejarle trabajar en paz para hacer buena la decisión de Belmonte que fue el que lo trajo.

Los resultados son los que mandan y  en este grupo IV nadie se come crudo a nadie. No hay imbatibles como se comprueba semana a semana. Y el Cartagena, seguramente con la mejor plantilla de todas las que conocemos, con o sin refuerzos va a estar ahí contando con la mejoría de algunas piezas que deben ser engrasadas y apelando  a la profesionalidad de los futbolistas que deben de ayudar al míster como si fuese un colega más. No es tan complicado si se dan los pasos con lógica. Las futuras alineaciones, las primeras discutibles, y el sistema a emplear no se pueden decidir por referéndum popular pero es la primera fisura que tiene que cerrar el abulense en su forma de proceder.

Este domingo último de enero,  en Sevilla, ante el primer rival que ganó en el Cartagonova esta campaña (0-1) con un gol en la primera parte que luego no se pudo ni igualar, es una buena ocasión para que el líder despeje algunas  dudas sin caer en confianzas que pudiesen derivarse del hecho de que los hispalenses de Gallardo solo han vencido en dos partidos en casa, ante Córdoba (2-1) y UCAM (3-0), con cinco empates y tres derrotas. Dejaron escapar diecinueve puntos del estadio José Antonio Navas, seis más que los albinegros, que siguen sin hacer los deberes en propio ambiente.

Cada vez más exigentes
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