miércoles. 30.11.2022

Los catalanes le llaman seny

Cierto. Con Paco Gómez, más rápido que Willy disparando en las películas del Oeste americano, Gustavo Munúa ya estaría de vuelta con las maletas rumbo a Uruguay, aun cuando su equipo jugase de filigrana. El mismo drástico  criterio lo acaban de aplicar en Castellón con el entrenador  que subió a Segunda B a los del himno del grito pam,  pam orellut , los hermanos blanquinegros de ‘El Pupas de Benipila’ cuya buena suerte  y gozo por todo lo alto se da muy de tarde en tarde  (1961, San ´Mamés; 1982, ‘San Isidro’ de Torrejón, y 2009, ‘El Collao’ de Alcoy. Paco López, el exportero, lo recordaba el pasado lunes en la Tertulia de Sportcartagena: con el gol del canario José Luis en Torrejón se ascendió por centésimas como subcampeón de  grupo, en combinación con otros marcadores en la última jornada de Liga. El Xerez Deportivo fue campeón y empatados a 48 puntos acabaron Cartagena, Lorca Deportiva y Antequerano en la segunda posición. Esas centésimas de gol dieron el premio a los cartageneristas del argentino Gustavo Silva.

Yo no voy a defender a Munúa a ultranza. Los entrenadores se defienden o se hunden solos, empujados por mil factores que la mayoría no conocemos a fondo.  Investigue usted, podrá replicar un lector de este medio con todo derecho.  Y yo digo que investigue Eduardo Inda.  Se da en piedra intentando indagar porque los sistemas de la SAD en el negocio del fútbol  tienen sofisticados recursos para que no haya filtraciones. Pocas y repartidas a los afines. Es así y si no es así, es mi opinión.

Es evidente  que al Extremadura 2017-18, con la sombra alargada de Luis Oliver actuando hasta que se le acaba la cuerda,  le salió bordado, para ascender: cesar  sin remilgos a sus técnicos para alcanzar el ascenso con el entrenador  al que había repudiado antes de comenzar la misma campaña: Juan Sabas, que sigue como premio por el objetivo logrado, tras ocupar la plaza de Rafael Martín Vázquez, quien había relevado a Agustín Izquierdo.   El fin justifica los medios y todos contentos en Almendralejo y desolados en Cartagena. En materia fútbol.

La paradoja es que aun reconociendo que el Cartagena ha confeccionado, con el consenso casi general de la masa de aficionados que merece respeto y es bien tratada por el club por lo general, un buen grupo de jugadores y contratado un preparador también con el visto bueno de ByB, que se pueden equivocar o no, la clasificación del grupo 4º de Segunda  B marca posición de descenso una vez disputada la cuarta jornada y, lo peor, la ganancia de solo dos puntos de doce disputados cuando todos hemos visto lo injusto del balance. Humillante balance.

Esto no es como tomarse una pastilla y ponerse a esperar triunfos

Si el equipo, con 17 piezas nuevas necesitaba rodaje, el  nuevo entrenador en sus circunstancias también  precisaba un  plazo en el calendario para conocer cómo juegan los demás para poder contrarrestar y adaptarse con rapidez al territorio en todos los aspectos.  Esto no es como tomarse una pastilla y ponerse a triunfar ya. Cuatro partidos no es tiempo. Cuando un club toma la decisión de cargarse al preparador es que busca un revulsivo por la vía más rápida y eso puede ser a veces para tapar los fallos de planificación deportiva  que haya podido cometer el propio club. Todo tiene solución si se trabaja con seny, que llaman los catalanes al sentido común.

Que el Cartagena tiene que emerger y colocarse arriba, es algo seguro.  Es obvio que hay que cambiar algunas conductas y tapar agujeros elementales. Ya se sabe, porque está  demostrado, que los futbolistas saben jugar  y por lo general bien y hasta con brillantez.  Si hay errores que conducen a que se encajen goles evitables, que los hay, ahí sí se puede y se debe trabajar.  El sistema de contención es lo que está conduciendo a la  espiral de la paranoia que asoma sus síntomas y habría que ver si también el fondo físico del equipo. Aspectos a subsanar, rectificando las estrategias. Reajustando.  Con el actual entrenador o con otro. Pero aquí y ahora yo descarto el sistema empleado por Paco Gómez, el del despido por impulso, para intentar cambiar las cosas en un mundo tan complejo como es el del fútbol. 

 

 

 

Los catalanes le llaman seny
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