El efecto del décimo triunfo viajero

La décima victoria fuera de casa en la temporada llegó para el FC Cartagena en Alcoy. En El Collao ya deben de ver a los cartageneristas como la ‘bestia negra’. Dos eliminaciones en menos de diez años dan para mucho y al equipo del Cartagonova lo percibirán en la tierra del café licor y de las buenas peladillas como el diablo con tenedor y traje, pero no de color rojo rabioso sino verde en dos tonalidades: en 2009 aquel equipo de Paco Jémez acudió con la camiseta verde pistacho; este último domingo de mayo de 2017 la elástica de los del rehabilitado Monteagudo era verde clásico o típico. Había que mentalizarse en la entrada al tren de lavado del playoff de ascenso.

Borrón y cuenta nueva. Sin ser buen pronosticador, sino más bien malo, un horror, ya lo dije con machaconería aquí y en alguna Tertulia cuando los más pesimistas poco menos querían renunciar a entrar en la promoción ante las negras perspectivas. Hombres y mujeres de poca fe. Se confirma una vez más que los escenarios son diferentes. La Liga es por puntos y una eliminatoria se decide por goles; se plantea de otra forma con el invento del valor doble del gol si lo marcas fuera de tu ambiente. El Cartagena, que al final agarró la cuarta plaza y gracias, abrazó el ‘modelo Cádiz CF’ después de acabar la competición liguera como el ‘patito feo’. El décimo triunfo albinegro fuera de casa en el ejercicio da alas al cartagenerismo porque llega para liquidar con solvencia la primera eliminatoria ante el subcampeón del grupo III de Segunda B, un Alcoyano que solo ha perdido dos encuentros en El Collao en el global de la campaña, incluido el reciente 0-2.

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La próxima prueba en teoría es más exigente porque se trata de batir a un campeón de la talla del FC Barcelona B, que llega herido en su amor propio al caer frente a la Cultural Leonesa, un histórico que ha tardado casi medio siglo en recuperar plaza en Segunda y que en su día dio al fútbol barcelonista una de sus estrellas: César Rodríguez, o César a secas, ‘el divino calvo’, que posteriormente obró el milagro de los ascensos del Elche CF siendo jugador y entrenador en una misma pieza en los tiempos del campo de Altabix, a finales de la década de los 50. Solo dos encuentros, simplemente en dos semanas han hecho cambiar el panorama del FC Cartagena, que recupera el crédito y une de nuevo voluntades.

Justo es reconocer que algo bueno se habrá hecho en el régimen interno. El por muchos denostado Monteagudo, blindado por los jefes hasta el final de los tiempos, ha buscado para su equipo un sistema acorde con las características de la competición y le están respondiendo –elemental- las herramientas para formar una coraza. Como si todo el mundo se hubiese puesto las pilas, ya es complicado hacer goles a los albinegros. La puerta a cero es una obsesión, es la llave del objetivo. Y el problema de conseguirlos en la portería de enfrente, ya comenzó por ser solucionado en El Collao donde marcaron jugadores de corte defensivo (Sergio Jiménez y Jesús Álvaro) y el 0-3 estuvo a punto de llegar al final en las botas de otro zaguero, Michel Zabaco, lanzado al ataque ¡La madre del cordero!

Agarrado con fuerza a la nueva dinámica para que ésta no se escape, la inminente eliminatoria con el Barça B ya no presenta el panorama desalentador de un Cartagena menguado en ánimos y en el papel de saco de gimnasio para recibir golpes a trote y moche del poderoso equipo catalán. Es un cotejo de fuerzas al 50% en el que puede suceder todo. Los albinegros ya le han encontrado el truco a la mecánica del playoff, pero tampoco es bueno pasarse cinco pueblos paseando en lancha la euforia destilada por el 0-2 del pasado domingo en Alcoy.