La despedida de Monteagudo entre aplausos (y alguna turbulencia)

Monteagudo tuvo sus felices minutos de gloria (aplausos a la entrada, aplausos a la salida) en una rueda de prensa de despedida tras dos años y medio de duro trabajo en el FC Cartagena. Su discurso escrito, leído ante la prensa y demás personas asistentes el pasado viernes  6 de julio de 2018 fue correcto y emotivo. Me pongo en el puesto de Alberto y no lo habría redactado mejor, impregnado de sentimiento el lenguaje del técnico de las mejores estadísticas en mucho tiempo cartagenerista. Luego ya se sabe que las estadísticas solo sirven para romperlas. Y en el fútbol las suele romper Lucifer, el puto Diablo en dos o tres semanas infernales con todo confabulado contra el Cartagena.

Lo que sucedió en el curso de la larga rueda, en el amplio turno de preguntas, tendré que explicarlo  lo mejor que pueda y con brevedad  para no ser lo pesado y plasta que lo fui el viernes. Aclaro para  que no se desvirtúen conceptos y se interprete que en la sala de Prensa del estadio municipal hubo combate de boxeo o intercambio de golpes entre el entrenador que se despedía y el periodista que acudía a despedirse de él  como mandan los cánones de buena educación. Somos personas civilizadas. Sin más protagonismos y sin querer ser aguafiestas por mi parte.

Pero, vamos a ver, ¿a quién no se le va la pinza un día? Todos los días son buenos para meter la pata. Pues a mí me ocurrió el viernes 6 de julio y en esto de patinar suelo ir con mucho cuidado, por mi bien llevada ancianidad, que tanto parece preocupar a algunis amigos.  Parto de la base de esta torpeza confesada cometida el viernes, que reconozco y acerca de la que espontánea y de manera automática pedí disculpas a todos los compañeros (de varios de ellos estoy distanciado en el pensamiento, en lo deportivo y en lo personal) y añado que en mi extenso e inoportuno análisis público,de lo que yo he observado en dos años y medio (lo bueno y lo menos bueno) de la profesionalidad de Monteagudo, me reafirmo de la primera a la última palabra (de lo bueno y de lo chirriante del profesional, no de la persona), pero sí estuve fuera de lugar apropiándome sin ningún derecho de un tiempo que no era mío.

Correcta la insinuación o advertencia de Breis, desde la mesa, encendiendo la luz roja en el semáforo de la rueda de prensa y comprensible pero un tanto improcedente que Monteagudo, después de que yo hubiese expuesto las verdades, mis verdades, se defendiese atacando refirmando su altivez y prepotencia, que por lo visto debe de ser contagiosa. Acostumbrarse a un permanente botafumeiro mediático y vivir en la burbuja de creerse ciudadano, como Alicia, en el País de las Maravillas, no es bueno. Porque en la grada cualquier currito  paga 10 euros por una entrada y te puede gritar "¡Calvo cagón!". ¡Por Dios santo y bendito! Es una de las miserias del espectáculo.

Despedids

Monteagudo y Breis, en la despedida del primero el viernes 6 de julio. / SPORTCARTAGENA

¿Con qué argumentos se defendió Monteagudo atacando el viernes? La crítica cuando es honesta, sincera y respetuosa tiene que ser aceptada de buen y normal grado. Estoy a la recíproca, menos cuando las herramienta de redes sociales son utilizadas por valientes autores de anónimos que lo mismo masacran a Monteagudo que al que pillan por delante.

No hubo más películas el viernes en la rueda de prensa.

Y aquí y ahora, con toda  formalidad y seriedad,  le deseo a Alberto Jiménez Monteagudo todas las suertes que merece en lo profesional y particular. Esa suerte que le fue esquiva en sus intentos de alcanzar los objetivos que ahora fuerzan al club a una reconstrucción casi total de su estructura deportiva.  Su experiencia cartagenera creo firmemente, si es receptivo, que lo es,   le va a servir de mucho al entrenador en fase de seguir aprendiendo. Todos estamos aprendiendo a diario.