Vamos a sonreír, vasco

No es normal que te esté escribiendo estas palabras mientras sonrío. Y digo que no es normal porque cuando alguien se acuerda tanto de un amigo que se ha marchado como tú no es lógico ver una sonrisa en su cara. Pero he decidido ser fuerte y sonreír, porque así te hubiera gustado y porque así te recordaré toda la vida, con tu cara alegre y feliz pese a los palos que te estaba dando esa maldita enfermedad que superaste y que muy pocas personas saben; sí amigo mío, porque tú no te has ido por el maldito cáncer sino por una complicación en el tratamiento que seguías después de haber matado al puto ‘bicho’. Hasta para eso fuiste un jabato, hasta para vencer al cáncer.

Oye Vasco, te lo he dicho por las redes sociales y te lo repito aquí: te voy a echar muchísimo de menos a mi lado en la cabina del Cartagonova narrando los partidos del Cartagena, no te lo imaginas tío. Pero más que por tu sapiencia futbolística por lo que pasaba ‘detrás’ y nadie veía. Cuando me daban esos ataques de tos y te dejaba solo narrando las jugadas, o cuando marcaba el equipo y golpeábamos la mesa hasta lograr que se desconectaran los cables del ordenador mientras nuestro técnico Jorge López nos miraba con cara de enfado. ¿Y nosotros qué hacíamos? Pues sonreír como siempre.

¿Sabes una cosa? Cuando Manuel Ángel Balaguer me llamó un día para decirme que ibas a hacer los partidos conmigo, flipé. Tener a uno de los históricos del fútbol cartagenero a mi lado cada domingo hablando de fútbol era algo impensable; un lujo del que muy pocas personas pueden presumir. Y yo lo hacía cada partido contigo.

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De izda a dcha: Manuel Á. Balaguer, Alejandro Sagarduy y González Paredes en una transmisión de SCT Radio

Mira si eras buen tío, que cuando te pusiste malico otra vez y tuviste que operarte no se me ocurrió otra cosa que llamar a Pedro Arango, total ‘ná’. Llevaba tres años sin pisar el Cartagonova y lo primero que me dijo cuando aceptó ocupar tu puesto fue: “Paredes, esto lo hago por el vasco, así que en cuanto se recupere, él vuelve contigo eh?”.

Hasta para eso fuiste un crack; hasta para hacer que el futbolista con más partidos jugados en la historia del fútbol en la ciudad volviera al estadio. O cuando fuiste capaz de convertir a uno de los doctores más prestigiosos de este país, tu oncólogo Pablo Cerezuela, en comentarista deportivo cuando lo invitaste en aquel mes de diciembre de 2017 a que narrara con nosotros un partido de fútbol. Menudo crack vasco. 

Dentro de poco imagino que darán tu nombre a una de las puertas del Cartagonova, “el que de verdad se la merece es Perico Arango y no yo” me dijiste una tarde, y cuando pasemos por delante de ella te recordaremos con tu eterna sonrisa en la cara. Todos se acordarán de ti menos yo, porque yo miraré a mi derecha y te veré, y empezaré a narrar el partido de turno guiñándote el ojo como siempre hacía y porque estarás cada domingo conmigo y con Pedro Arango en la cabina. Menudo lujazo vasco. Sagarduy y Arango hablando de fútbol conmigo. Para flipar.

Posdata: dale un pedazo de abrazo a Sebastián y dile a Dios que pare un poquito, que al final va a hacer un equipazo allá arriba con los grandes del Efesé. Un besazo tío