Real Murcia: Todos los tramposos, a la Fiscalía

Hubo un tiempo en el que yo escribía de fútbol. Luego escribí de política, que en algunos aspectos marrulleros, también se parece al fútbol. Hoy vuelvo sobre mis pasos para escribir del Real Murcia; de este Murcia agónico, famélico, enfermizo, achacoso y macilento. De este equipo con jugadores desnortados, frágiles y de moral enclenque que anda arrastrándose por los campos de segundabé, quien te ha visto y quien te vé. Un Murcia que antaño se codeaba con los más grandes y que acogía a internacionales en sus entrañas como Miguel Tendillo, Manolo, García Soriano, Timoumi , el Macho” Figueroa, Guina o el “Touro” Gil. Un Murcia con entrenadores legendarios de la talla de Kubala, Puskas, Eusebio Ríos, Mesones o Carmelo Cedrún. Y nadie me lo ha contado. Lo viví en primera persona. Lo viví y lo canté por las ondas a media España, por lo menos.

Así que, claro, tú comparas aquello con esto y se te abren las carnes. Y no es porque los que estaban no estén, me refiero a los parroquianos. La afición grana sigue estando ahí. Cuando, Dios lo tenga en su Gloria, Jesús Samper, manda huevos que tengamos que estar echándolo de menos incluyendo a su hermano el fichaor,  nos llevó a Primera por última vez, la nómina de socios ascendió a veinticinco mil. Es muy difícil encontrar un club de futbol con tales potencialidades.

Eppur si muove que diría Galileo después de hacerlo abjurar. Y sin embargo se mueve. Y sin embargo, este club histórico anda ahora en peligro de extinción, mirando de reojo al descenso a Tercera División y viviendo la crisis institucional más grave de su historia. ¿Dónde están las claves de tamaño disparate?, te preguntarás. Así que no me queda otra que tratar de contártelo.

Me temo que Real Murcia ha sido pasto en los últimos tiempos de algunas bandas de trileros del balón, truhanes de despacho y carteristas de portería que, por sí solos, inspirarían una reedición de aquella famosa película de Luis Berlanga “Todos a la cárcel” en su versión Todos a la fiscalía, que es lo que corresponde. O lo que correspondería si se hacen los deberes. Y espero que se hagan.

No es que diga yo que todo el que ha pasado por las juntaeras del Murcia haya sido un impostor petardista. Ni mucho menos. Los ha habido y los hay que acuden de buena fe y a servir al club de sus amores. Casos , también en los últimos tiempos, los hay a docenas. Gente que, en su mayoría, acude en ayuda del club de sus amores cuando se necesita. Pero aquí, como en casi todo, ya sabes que hace más ruido un árbol al caer que el bosque al crecer. Sobre todo si el árbol que cae es frondoso, visible y arrastra en su caída.

El Real Murcia actual acarrea una deuda inasumible que ya debe estar rondando , y no exagero, los sesenta millones de euros. Dime tú a mí si no estamos hablando de un disparate de disparates. Diez mil millones de las antiguas pesetas.

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Lo primero que hay que colegir, que nadie te engañe, es que el Murcia actual no puede subir a Segunda A. Y no sólo por sus desastrosa gestión deportiva o por su pésima clasificación.  Lo diga quien lo diga. Este club no cumple las ratios económicas y , si no se cimentan otras bases, La Liga y Tebas tardarían diez minutos en descenderlo. Ya pasó una vez y volvería a pasar. Por tanto, seamos realistas. Como Dante escribió a las puertas del infierno en su Divina Comedia. Abandonad toda esperanza.

Así que, por encima de si viene a entrenar Josico o Eloy Jiménez. Por encima que los del Kapital Bussines (empresa encargada de conseguir pasta fresca) coloquen a su amigo Julio Algar al frente de la dirección deportiva, lo que esta directiva que preside José María Almela puede y debe hacer es clarificar la situación económica y legal de este Real Murcia camino de la quiebra. Porque o yo estoy equivocado; o aquí hay tres individuos reclamando que el club es suyo. Y la directiva  no lo tiene claro. Ni la Federación. Ni si quiera parece tenerlo claro el CSD, pese al dictamen del TAS, puesto que ha desviado el tema a la Abogacía del Estado para que emita un informe vinculante. Aquí ,a estas alturas de la película, importa menos si Angel Viadero no fichó hace quince días por mil quinientos euros de diferencia o si podría venir Menganito que está en el paro para reforzar la defensa. Aquí lo que verdaderamente importa es saber con detalle si en los últimos años el déficit grana ha subido en cinco millones y cuales han podido ser las causas. Es necesario conocer si el destino de los fondos de los abonados tuvieron el destino adecuado. O qué pasó con la pignoración de recibos. Si se siguieron procesos adecuados o no. O si la taquilla frente al Barcelona, pongo por caso, fue un ejemplo de transparencia. Y puestos a contar, que nos cuenten las razones por las que dos empleados de la administración murcianista pidieron la baja por enfermedad de forma repentina. Igual fueron plepas inesperadas. O igual fueron indisposiciones pasajeras para no comprometer sus firmas en asuntos que podrían no haber visto claros.

Aquí ha habido futbolistas con rescisiones millonarias de contratos que claman al cielo. Posibles desvíos a sociedades interpuestas que merecen una profunda investigación. Reclamaciones insospechadas de quienes tenían que velar por los intereses de la entidad. Disparates sobre disparates. Y así podría contarte…

Esa es la principal obligación de Almela y su directiva, del Consejo de Administración y de la Plataforma murcianista. Los socios abonados y todo aquel que siente al real Murcia en sus adentros tienen derecho a saber. El próximo miércoles hay prevista una rueda de prensa en Nueva Condomina. La ocasión la pintan calva. Aclaren ustedes el panorama. Saquen a flote a los submarinos. Informen al personal. Denle, por ejemplo, atributos a ese buen abogado que es Higinio Pérez que, me consta, anda olisqueando pistas de probables furtivos. Y si terminan todos los que tengan que terminar en Fiscalía, pues adelante. Que Díaz Manzanera y su gente son profesionales serios y competentes. Y hacen su trabajo con eficiencia. Por lo que yo sé, preveo que lo acabarán haciendo ante posibles denuncias por  presuntos casos de administración desleal. Y si no, al tiempo.