La Farola del Lago: Paseando a mi 'perrica' Alba

Sí amigos, paseando a mi “perrica” Alba…la saco tres o cuatro veces al día (o me saca ella a mí, nunca se sabe) cuando ya no pega el sol, me siento en un banco del jardín, y la dejo suelta (aunque generalmente no se mueve de mi lado). Es en ese momento, cuando mi cerebro vuela (lo dejo volar) y pienso en todo. Ahora mismo, me estoy lamiendo las heridas, que ha dejado en mis sentimientos deportivos la derrota en el playoff  de nuestro F.C. Cartagena, y la quiero apartar de mi mente, pensando en positivo, y rogando que la próxima temporada sea la “buena”.

Como digo, sigo pensando… Ayer, yendo para la U.P.C.T. por la calle Gisbert de nuestra Cartagena España, vi el cartel de la Cruz Roja, y no pude remediar acordarme cuando en mi niñez, la Cruz Roja me dejó marcado para siempre, por  un hecho terrible, y que de ninguna manera podré jamás olvidar. Mucho más cuando lo que os voy a contar viene entrelazado (la vida es así de caprichosa) con un amigo mío, gran futbolista, mejor entrenador, y extraordinaria persona, al que conocí y admiré durante muchos años, me refiero  al gran Luis Quesada Ruiz “El Campana”. Pero… permitirme que lo narre desde el principio.

Servidor, como he dicho muchas veces, vivía en el bajo nº 29 de la Calle del Alto de Cartagena España. Ahí pasé mi niñez, con mi abuela (mi mamá Concha) y mis tíos, Enrique, Antonio, Santiago y Pedro, en el primer piso, vivía Juan Toral (empleado de RENFE) con su esposa Marifina, (trabajaba en confecciones “El Carthago”, y su hija también Marifina, que pasado el tiempo, se casó con mi amigo “Tico”, un gran futbolista del Naval. En el segundo piso vivian el Señor Daniel Ojanguren, con su esposa la Señora Primitiva, y su hija (que casualidad) también Marifina (era muy guapa), y en el tercero (un ático), vivía un matrimonio mayor que eran mi debilidad, Se llamaban (con que respeto los recuerdo), Don José Nicolich y su esposa la Señora Encarnación.

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Luis Quesada y esposa.

Estoy tratando de describir uno hechos que, ocurrieron cuando yo me estaba preparando para mi primera comunión. He dicho que, el Señor Nicolich y su esposa eran mi debilidad, y era verdad, desprendían un halo distinto, emanaban ternura y…clase, yo que era un crío muy pequeño, cuando subía a su casa a hacerles un mandado, me quedaba “abobao” oyéndoles hablar, y me enternecían, tenían además una nieta que era (es) guapísima se llama Encarnación, y cantaba maravillosamente opera, cuando cantaba nos quedábamos todos prendados de su voz (en esa familia todos eran músicos). Con los años fue la esposa de mi querido amigo Luis Quesada, además de buen futbolista, tuvo un gusto exquisito al elegir su pareja.

 

Un día, (lo recuerdo con gran tristeza, y con la mente sobrecogida de un niño) era un 27 de Abril de 1947, noté en mi casa (en el piso) un gran movimiento de gente, todos con los rostros llorosos subiendo las escaleras, yo estaba sobrecogido, ¡algo muy gordo, había debido de ocurrir! mi abuela y yo estábamos en la puerta de la escalera, cuando oímos la terrible noticia, José Nicolich, el hijo del Señor Nicolich al que yo tanto quería, ¡había fallecido! fue un accidente terrible, jamás olvidado en Cartagena.

El hijo de Don José Nicolich, (padre de la esposa de Luis Quesada) era músico de la banda de la Cruz Roja de Cartagena España, ese terrible día, habían ido a la vecina ciudad de La Unión, para hacer entrega (y celebrarlo con música) a la Asamblea de esa ciudad, de una ambulancia nueva de estreno, donada por el Inspector General de Parques y Ambulancias Don Teodoro Camineros, quien desde Madrid realizó un gran esfuerzo para conseguir ese vehículo, que serviría para atender a toda la cuenca minera. Una vez celebrado los actos, con la bendición del coche, los miembros de la banda de música de la Cruz Roja (entre los que estaba el hijo del señor Nicolich, y del mismo nombre que su padre) emprendieron la vuelta hacia nuestra ciudad, pero… al llegar a la altura de La Esperanza, el camión en el que iban los músicos volcó, y salieron despedidos a la cuneta con terrible fuerza.

El resultado del accidente fue desastroso, siete músicos fallecidos y quince heridos muy graves los nombres (es un pequeño homenaje) eran Daniel Tomás Tomás, Juan Bastida Martínez, José Nicolich Lorente, José Pérez Angosto, José Catalá Oller, Vicente Baeza Lledó y Francisco Preciados Herrera. Cartagena entera, se volcó en una manifestación inmensa de duelo, todos eran personas muy queridas en nuestra ciudad, y la Cruz Roja vivió posiblemente su drama más intenso, y más triste. La Junta Local de Cartagena, levantó un monolito en el sitio donde ocurrió el terrible accidente. A servidor, recordando a esos pobres (señores) ancianos, que eran sus padres, y que yo tanto quería y respetaba, se me vidrian los ojos en un triste recuerdo.

 

Por otro lado, la vida (como digo) se entrecruza. Ya de juvenil, con el futbol metido entre ceja y ceja, conocí a Luis Quesada Ruiz (hubiera sido el yerno de José Nicolich Lorente). Era ya un futbolista consagrado en nuestra ciudad, tenía mucha fama, jugó en innumerables equipos, la Unión Deportiva Cartagenera, El Naval, la Deportiva Minera… Entrenó también a numerosos equipos, Al Cartagena F.C. en varias etapas, también fue entrenador del Naval juvenil, a mi me entrenó siendo yo jugador del Alhama, e incluso llegué a jugar varios partidos a su lado. Pero sobre todo, Luis Quesada  fue un destacado empleado de La “Basan”, y fue nombrado jefe absoluto del complejo deportivo de Los Juncos, y nos hinchó a los Cartageneros de la época a cine de verano, verbenas y mil fiestas que se daban bajo su dirección, en ese ¡maravilloso sitio! tan querido por [email protected] [email protected] ¡¡Los Juncos!! y nada más queridos míos, deciros que, he querido rendirle este pequeño homenaje a La Cruz Roja, a mis queridos vecinos que yo tanto quería, y a mi amigo Luis Quesada Ruiz ¡¡El Campana!!.

P.D. Deseo dedicarle este articulo, a Encarnación Nicolich, esposa de Luis Quesada, Ruiz, nieta de mis queridos y respetados “Señores” ancianos, (Don José y Doña Encarnación), hija del gran músico de la Cruz Roja, fallecido en aquel terrible accidente, José Nicolich, y dueña de una voz maravillosa, que nos dejaba encandilados a todos los vecinos de la calle del Alto. También deseo dedicárselo a las hijas de Luis Quesada y Encarnación. Pilar, Trini y Encarni. Y decirles que, han tenido la suerte de tener unos padres fantásticos, y unos bisabuelos a los que yo no olvidaré nunca.