La Farola del Lago. !El Grado Medio!

Hay dos cosas que, indefectiblemente van unidas a mi niñez, y claro está, a todos los niños de mi generación. Una de ellas, es la palabra “ICUE” y la otra es el libro de estudio “EL GRADO MEDIO” esas dos “expresiones”, van unidas entrañablemente entre sí, pues forman parte de una época inolvidable, y que constantemente vienen a mi mente. La palabra “ICUE” viene de “un invento gramatical” que, los chavales de los años cincuenta, empleábamos para dirigirnos  a los amigos, compañeros, e incluso a los críos que nos encontrábamos jugando al fútbol en las calles, bañándonos en el rompeolas o en la dársena de botes, (donde está ahora la cola de ballena) en Cartagena España. Generalmente, empleábamos esa palabra cuando nos dirigíamos a un chaval del que no sabíamos su nombre. Por suerte, esa “expresión” auténticamente cartagenera, ha quedado perpetuada en una estatua en bronce, (hoy día casi símbolo de nuestra ciudad) realizada por mi primo, el escultor Manuel Ardíl Pagán, que representa a toda una generación de chavales, que jugábamos, nos divertíamos, y disfrutábamos de una libertad “pura”, sin agobios de tráfico, y sin “vicios” que hicieran pensar a nuestros padres que, esa libertad pudiera ser perniciosa.

De sobra es conocida (afortunadamente) la estatua del “ICUE, se ha escrito mucho sobre ella, y es muy poco lo que yo puedo aportar a tan conocida obra, por ello, en esta “Farola del Lago” me voy a centrar en un libro que, era nuestro compañero inseparable. El libro imprescindible para todos los niños de la España de esa época, El libro que, nuestros padres nos compraban (con gran esfuerzo económico) para que nos formara, y nos permitiera enfrentarnos a la dureza de unos tiempos dificilísimos. Ese libro era “EL GRADO MEDIO”, la enciclopedia pedagógica de Don José Dalmau Carles. Ese libro no podía faltar en ningún hogar Español, donde hubieran niños en edad de estudiar. Hoy día es una joya que, (estoy seguro) cuando algunos de mis amigos y compañeros, lean este artículo, irán rápidamente a su biblioteca, estantería o cofre, o lo que sea, y mirarán si todavía conservan su querido GRADO MEDIO. Fijaros, (no tengo ni que consultarlo) resulta que, como entonces la lecciones las teníamos que dar de memoria, pues lo tengo todo en la cabeza, ¡cachi en die!, si es que es con el libro que más aprendí.

Grado medio (1)

 Os voy a poner unos ejemplos, de cómo estudiábamos. La Tierra.- La tierra es como una naranja inmensa que se mueve a toda velocidad en el espacio infinito, y tiene dos movimientos el de rotación y el de traslación. ¿Por qué se sabe que la tierra es redonda?.- Porque al alejarse un buque de la costa parece que se va hundiendo, y porque en el eclipse Lunar se refleja la sombra de la tierra. Otro ejemplo. Viriato.- Viriato era un pastor lusitano que luchó contra Los Romanos, tres de sus generales le traicionaron y le asesinaron. Cuando fueron a cobrar la recompensa, el Cónsul Romano les dijo ¡Roma no paga traidores! ¡Me encanta esa frase!. Los Reyes Godos.- Ataulfo, Recaredo, Wamba… Y… los pecados Capitales. Y… el Cid Campeador y… Felipe II. Y… la raíz cuadrada… y los verbos. Todo…todo lo teníamos en ese libro ¡Qué maravilla! seiscientas setenta páginas nada menos, kilo y medio de libro!.

Claro, y ahora diréis, y qué “leche” tiene que ver el grado medio con el fútbol. Veréis como poco a poco os lo demuestro. Un día, creo que fue en mil novecientos cincuenta, el F.C. Cartagena fichó a un porterazo, se llamaba Cabañas, y estaba hospedado enfrente de mi casa. Esa mañana iba a realizarse (en el viejo Almarjal) la presentación del portero en el entrenamiento. ¿Cómo me perdía yo ese acontecimiento?, ¡Imposible! Eso lo tenía que ver yo, ¡como fuera!. Toda la noche pensando ¿cómo lo haría? no tenía más remedio que “fumarme” la clase con Sor Francisca Armendáriz. “Asinque” por la mañana agarré el Grado Medio, el panecillo y la onza de chocolate, le di un beso a mi abuela, y a la calle.

Como eran las nueve, y el entrenamiento empezaba a las diez, empecé a “cabilar” ¿qué hacer con El Grado Medio?. Pesaba mucho, y no me lo quería llevar al entrenamiento, después de darle mil vueltas, me fui a la calle de la Gloria, (de muy pequeño  yo había vivido en esa calle) y en una casa con unos portales muy grandes (al lado de la tienda de Pedro, esquina con calle de Saura) subí los peldaños de la puerta de madera, y arriba del todo coloqué el Grado Medio. Me fui tan tranquilico, y me “casqué” el entrenamiento entero. Cuando volví a recoger mi libro escalé la puerta y… ¡horror! mi libro no estaba, ¡Dios mio! me puse a buscar como un desesperao y llorando, ¡Madre mía! ¡Mi Grado Medio! que me lo tenía forraico y “to” mi abuela. Sin dejar de llorar en ningún momento, empecé a llamar a las puertas de los pisos por si lo hubieran visto las vecinas, hasta  que en uno de los pisos, me abrió la puerta una pobre mujer con la cabeza “vendá”. Le pregunté si había visto mi libro, y la pobre mujer por poco no se lía a darme tortas. Me dijo que se había puesto a fregar el portal, y al mover la puerta, le cayó en la cabeza el Grado Medio, y le hizo un chichón de muerte. Como Ella me conocía me dijo que los libros solo se lo daría a mi abuela. Servidor, llorando desconsoladamente, le pedí que no le diera ese disgusto a mi mamá Concha. La pobre mujer se ablandó y me lo devolvió. Más contento que nunca y con el susto todavía en el cuerpo volví a mi casa y juré que no me volvería a fumar la clase. Pero no lo cumplí, porque me la volví a “fumar cada vez que había partido.

En fin amigos míos, otra aventura más que os cuento, y es que la vida en aquellos tiempos… era toda una pura aventura.  Un abrazo a todos