Datkovic, una vez que ya es futbolista del Albacete BP, se despacha a gusto en su comunicado y el supuestamente dueño del Cartagena y su mano derecha, con la vehemencia que les caracteriza, le responden con el estilo de tantas veces aquí denunciado, la de amenazar al futbolista. Y Datkovic le ha vuelto a responder dejandolos en el sitio que crre el croata que deben estar.
Aquí ya destapamos hace días y antes que nadie lo hiciera o lo haya hecho ahora que había sido el Cartagena(B y B) el que quería su marcha y no le dejaba viajar mientras Belmonte dice lo contrario que denuncia el ya ex futbolista que no deja títere con cabeza y llena de dudas y de sombras la gestión y conducta de estos periodistas. El zorro, dice un refrán popular que nada paso que da se acerca más a la peletería y en ella estamos.

Hemos dicho bastante porque lo que importa es lo que dicen Datkovic, Belmonte y Breis. Cada uno queda en su sitio. Ni quitamos ni ponemos.
Estos señores eran periodistas en paro en Murcia. A mi llegó a servirme en aquel bar que tenía con Deseado Flores unas hamburguesas pintadas de verde, de rosa, de muchos colores y entonces Belmonte era lo que era. Un trabajador más de la hostelería, bendita, santa y sacrificada profesión donde se ganan cuatro duros. Pero si algo es Belmonte Ortíz y su colega Manuel Sánchez Breis, es que son y que saben ser muy pillos y a los pillos hay que desenmascararlos.
El segundo, Sánchez Breis, se incorporó más tarde cuando Belmonte decidió quitarse de en medio a su socio Deseado Flores- no son ni la sombra de lo que eran, al menos cuando llegaron a Cartagena con el equipo casi a punto de desaparecer que si no lo hizo fueron por muchos cambalaches que ellos, que Belmonte en concreto amparado por el dueño que hoy manda en el Murcia, conocen a la perfección. Ellos y supuestamente más gente reunida en aquella notaría de Guardamar donde se firmaron muchas cosas de las que tal vez no nos enteremos nunca o sabremos algo cuando se vayan.
Hasta ahora le han acompañado los resultados con más o menos suerte, por ejemplo aquel gol en propia de Michel Zábaco en el Cerro del Espino que privó al Efesé en el último instante de un merecido ascenso a Segunda.
Fue la misma mañana que Belmonte se encaró y se envalentonó a la salida de aquel recinto con Diego de Haro, ex árbitro, empresario ejemplar y comentarista entonces de Onda Regional, a la que se le prohibió el paso a raíz de este incidente desconocido para muchos. ¿Testigos? Hubo demasiados para negar la realidad. Solo un botón. Pero hay muchos, muchísimos.

Pero también es verdad que han hecho cosas buenas, han fichado a buenos futbolistas, a los mismos que acababan echando con mentirijillas y engañando a la afición. Hablo de Rubén Castro, publicado aquí, de Raúl Navas, publicado aquí mientras el resto callaban como estómagos agradecidos y el último caso es el del croata Toni Datkovic que, de nuevo, ha intentado mentir hasta que en este diario, al contrario de otros, contaba la verdad, que no era otra que el Cartagena era el que quería quitarse de en medio al futbolista.
Que pena que a los Cordero le hicieron la pirula y no les dio tiempo a llegar en aquella rueda de prensa organizada en el hotel NH del Puerto. Mucho, muchísimo mejor estaríamos sin ellos. Cartageneros y honrados (los Cordero). Cuarenta años de amistad lo certifican. Y pillos y listos como ellos solos

Aún insiste el señor Breis con ‘El Sicario’ en señalar con el dedo al futbolista balcánico que ahí está para desmontar cuanto se dice y se ha dicho aquí. Hasta el propio Breis lo ha reconocido. Ni papales ni hostias. Ahora es el Albacete el que va a disfrutar del balcánico. Datkovic ya los ha vuelto a poner en su sitio. Increible. Ni para eso tiene estomago como con tantos otros, me acuerdo por ejemplo de Cristo, se lesionó y ahí lo dejaron tirado después de horas interminables discutiendo en la antigua cantina que también han ‘vendido’ a sus amigos de Nueva Condomina. Pues a Cristo, para quien no lo sepa, le deben cuartos, solo tienen que preguntárselo a su suegro en una farmacia del centro. Y ése no engaña.
Desmontan a un equipo, entrenador incluido, para montar otro a duras penas que lo quieren vender como ‘equipo joven’ y se dedican a fichar a determinados futbolistas muy conocidos en su casa a la hora de comer y algunos de ellos con dos años sin jugar y con un par de goles como mucho.