Envejecimiento activo y saludable

En los últimos tiempos nos enfrentamos a un nuevo reto, cada día podemos observar cómo aumenta la esperanza de vida debido a una disminución de la mortalidad, a la vez que disminuye la natalidad de forma preocupante. Además, esta situación afecta en el ámbito laboral de forma que los gobernantes se ven obligados a modificar las condiciones de jubilación para que el sistema actual sea viable. De tal manera que salvo que te encuentres por encima de 60 años actualmente, el resto desconocemos cuando nos jubilaremos y deberemos poner de nuestra parte para llegar con la mejor salud posible a nuestro último periodo laboral y disfrutarlo con la calidad de vida que nos merecemos.

Ante esta situación a las empresas se les genera el desafío de conseguir que su población laboral llegue en el mejor estado posible al final de su etapa laboral con el fin de mantener la productividad de su trabajador durante este periodo y por ello en los últimos tiempos se está introduciendo el concepto de envejecimiento activo y saludable.

La OMS define envejecimiento activo como el proceso por el que se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez.

Tal y como hemos indicado previamente, el aumento de la esperanza de vida y la disminución de las tasas de natalidad está generando una proporción de trabajadores de edad avanzada más alta, de tal forma que se estima que en Europa hasta 2030, los trabajadores entre 55 y 64 años aumenten por encima del 15% con una tendencia a la baja de resto de grupos.

Nuestro país sigue la corriente europea, pues igualmente se ve afectado por la tendencia demográfica. Teniendo en cuenta los datos del INE, la pirámide de población está invertida sin que exista renovación entre generaciones.

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Esta situación obliga a las empresas a tener en cuenta la adaptación de los puestos de trabajo a los trabajadores conforme avance la edad de estos.

El envejecimiento conlleva una serie de cambios a lo largo de la vida que afectan a la capacidad funcional y laboral:

     - Capacidad Física, la pérdida de fuerza por reducción de masa muscular y limitación de la movilidad, lo que afecta en su mayor parte a los trabajos con elevada carga física. Pero además nos vemos afectados en cuanto al aparato cardiovascular y pulmonar.

     - Audición y visión, problemas causados en la disminución de capacidades visuales y auditivas.

     - Funciones cognitivas, deterioro mental, con respuestas más lentas y pérdida de memoria

Aunque no todo es malo ya que esta serie de problemas se ven compensados con el aumento de aptitudes que la edad nos otorga.

La gestión de la edad implica según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo la consideración de “los factores relacionados con la edad en la gestión diaria, incluidas la organización del trabajo y las distintas tareas, de manera que todas las personas, independientemente de su edad, se sientan capacitadas para cumplir sus objetivos personales y empresariales”.

El Plan de Prevención de Riesgos Laborales de la empresa juega un papel fundamental en la adecuada gestión de la edad de los trabajadores en los distintos puestos de trabajo ya que es el punto de integración de toda la actividad preventiva y a través de una correcta evaluación de riesgos además de una adecuada planificación de la actividad preventiva.

En el futuro próximo la evaluación de riesgos, deberá incluir un parámetro que indique si el puesto es apto para ser ocupado por un trabajador de edad más avanzada, por ejemplo, de más de 55 años, y cuáles serían las medidas preventivas en caso de que lo ocupe. Y del mismo modo la planificación, información y formación deberán ser adaptadas para dichos trabajadores y trabajar en conjunto con el área de vigilancia de la salud para reevaluar periódicamente estas situaciones.

¿Y qué podemos hacer?

En anteriores artículos hemos explicado el gran abanico de beneficios que la práctica habitual de actividad física tiene en nuestra vida, y por igual es extensivo al ámbito laboral ya que cuanto mejor sea nuestro estado de salud general mejor nos encontraremos hasta el final de nuestra etapa laboral.

La actividad física nos ayudará en una serie de beneficios que contrarrestan los cambios que suceden por naturaleza tal y como hemos comentado anteriormente. Según nos indica la Fundación Española del Corazón podemos resumirlos en:

     - Mejoras tanto en la calidad del hueso como la fuerza muscular, la elasticidad, el sistema inmunológico o la eficacia cardiorrespiratoria.

     - Aumento de la memoria y reducción del riesgo de padecer depresión, ansiedad y estrés.

     - El ejercicio físico disminuye el riesgo de padecer cualquier tipo de demencia en la vejez y puede reducir hasta en un 40 por ciento el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular.

     - Mejora la composición corporal y, con ello, ayuda a controlar la tensión. Al igual que disminuye las cifras de colesterol en sangre y la grasa total del cuerpo.

     - En conjunto con una dieta cardiosaludable, reduce el riesgo de contraer diabetes tipo 2.

Las empresas son las primeras interesadas en cuidar de sus trabajadores y por ello es recomendable la implantación de proyectos de wellness corporativo o empresa saludable que abarcan un conjunto de medidas para los empleados mediante la implantación de programas de salud integral de los trabajadores que abarcan actividades deportivas, psicología y nutricional.

Si eres empresario debes incluir desde ya en tu organización un plan de empresa saludable, ya que un trabajador sano en todo el ámbito de la palabra, es decir, físico y psíquico, trabajará mejor y más feliz. Y un trabajador feliz según los últimos estudios realizados tienen hasta un 300% menor riesgo de tener accidentes laborales y se incrementa en un 88% la productividad en su trabajo.