sábado. 25.06.2022
Juan Ignacio de Ibarra | Periodista

Dos amores compatibles

La respuesta a esa llamada me ha permitido reincidir en el goce de abrazar a gente del fútbol de la que no sabía desde hace algún tiempo y a la que, en todo caso, ardía en deseos de saludar. Ese es, por vía de ejemplo, el doble caso de Guillermo...
La respuesta a esa llamada me ha permitido reincidir en el goce de abrazar a gente del fútbol de la que no sabía desde hace algún tiempo y a la que, en todo caso, ardía en deseos de saludar. Ese es, por vía de ejemplo, el doble caso de Guillermo y Manuel Ángel.

Son dos instituciones en la historia del periodismo deportivo de la Región. Desde sus diferentes, y a veces opuestas, trincheras informativas, durante muchos lustros, los aspectos más serios y responsable de la información han sido cubiertos por ambos, entregados de manera sobresaliente a la hermosa tarea de contarnos todo lo bueno ( y también, desgraciadamente, lo malo) que acontecía en la ciudad de sus amores. Y esa tarea, en la que coincidimos tantas veces, acrecentó en mí el afecto hacia ellos y a la mismísima ciudad donde pasé dos años de mi vida, cumpliendo los deberes que, en mi juventud, se consideraban irrenunciables y obligatorios.

Pasados los años tuvieron que cesar en sus tareas y alguien dijo:
  • -Ha llegado la edad de jubilarse.

Nada más lejos de la realidad. Yo sé que todos los trabajos reciben, llegado el momento, el premio de la jubilación, que ya se sabe que jubilación viene de júbilo. Pero el periodismo, no. No, al menos, cuando se le ama en la medida en que discurren los afectos de Manuel Ángel y Guillermo, cuya vida sería imposible de entender sin el protagonismo de Cartagena y el Cartagena, de los que siempre tienen cosas que contar.

Y, claro, un Efesé en la cúspide de su trayectoria vital no es cosa de la que puedan prescindir estos dos cartageneros de tronío que, de inmediato, se ha lanzado a la tarea de contar cosas, como en otros tiempos, como en todos los tiempos, con el apasionado rigor de quienes han abierto un nuevo camino. Y ahí, en ese lugar de la informática, donde yo me pierdo a fuer de ignorante, es donde mis dos entrañables compañeros de Cartagena, han encontrado un camino, enseñándonos que todos son buenos cuando se quiere seguir en la tarea de contar y cantar aquello que más se ama y que, en su consecuencia, no te permite ser un mero relator porque sientes la necesidad de involucrarte en la tarea.

Para Guillermo y Manuel Ángel, que suman bastante más de medio siglo llevando en volandas la imagen de Cartagena, hubiera sido imposible mantenerse apartados de la gesta que está escribiendo el equipo de sus amores. Acostumbrados a sufrir tanto, expertos en contar fracasos, frustradas tantas ilusiones, dolidos por los descensos y los conflictos, hubiera sido tremendamente injustos que ahora no pudieran gozarse en el espectáculo de un Cartagena que juega muy bien, que gana con solvencia, que aún permanece invicto, que cumple sus compromisos económicos, que se encuentra a sus anchas en la categoría de plata y que es capaz de liderar un grupo donde se reúne una copiosa selección de deporte, de fútbol y de historia.

Durante mucho tiempo, Guillermo y Manuel Ángel han hecho presencia gozosa de su trabajo comunicador en el aire y el papel de Cartagena. Un par de generaciones de cartageneros han crecido leyendo y escuchando a estos dos hombres que no quieren, que no pueden, que no saben guardar silencio, cuando aún tienen tantas cosas que decir.

Yo agradezco a la técnica que haya evolucionado para que puedan usarla los mejores. Y felicito a los cartageneros porque aún, y espero que por mucho tiempo, van a seguir gozando del sentido sereno y firme de Guillermo y de la precisión insobornable de Manuel Ángel. Y, con Cartagena, debemos alegrarnos los murcianos de toda la Región porque nos es dado prolongar el disfrute de tantos años.

Y mi gratitud es doble; por lo que ellos nos dan, y porque me han dejado un rinconcito, casi un cornijal, donde un murciano nacido en la Calle de San Lorenzo, que me precio en amar con locura a Murcia, puedo manifestar mi viejo y entrañable cariño a Cartagena. Sé, porque lo siento, que Cartagena y Murcia son dos amores compatibles. Y cuanto más compatibles, más hermosos.

Dos amores compatibles
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