¡¡Cuidado Icue, que el otoño no se pasa en cuatro días!!

Cuando el Icue desea ser cursi, la mayoría de las veces es humilde como sus orígenes, e intenta hablar, catando un vino tinto, con propiedad, se transforma en sumiller y  bebedor pedante chapurreando que el vino catado ciegamente tiene unas “notas de otoño”. Ya sé que se refiere a ese...

Cuando el Icue desea ser cursi, la mayoría de las veces es humilde como sus orígenes, e intenta hablar, catando un vino tinto, con propiedad, se transforma en sumiller y  bebedor pedante chapurreando que el vino catado ciegamente tiene unas “notas de otoño”.

Ya sé que se refiere a ese gusto como de bosque, como de hojas reblandecidas y tierra húmeda, pero yo, llámenme pánfilo si lo desean, no siempre sé apreciar en ello la presencia del otoño.

Como el Icue es rural y vive rural y pueblerinamente reconoce del otoño algo más que los lugares comunes que todo el mundo reconoce y recurre a otros indicios para comprender lo que la naturaleza le esconde. El recurso de este miércoles es mostrarle el concierto de Vivaldi para que lo ponga como fondo y se introduzca en la estación a pleno pulmón, deteste el asfalto y se traslade al monte para contemplar la paleta de colores que los hayedos y robledales le muestran.

Sí, sí y sí el Icue, el articulista y sobre todo el FC Cartagena, ya están en otoño, ya aparecen las señales, hongos y setas pueblan los mercados, se estrena alguna película, sale al mercado algún nuevo libro y el FC Cartagena sin ganar ni un partido y eso que La Liga comenzó en pleno verano y todavía sin enfrentarse a ningún equipo grande. ¡Vaya otoño nos espera!

No preocuparse, sin prisa pero sin pausa ya vendrá la productiva primavera. Ahora no hay goles, ya vendrán, ¿Qué quién los va a marcar? ¡Nos ha jodido!, el Icue se lo cuenta: el tribote con estructura piramidal y sustituto de Quirantes: el cara de aldeano, mofletes sonrosados, ojos alegres y sonrisa advenediza;  el cara ganchuda, ojos oscuros y serios, y gesto sarcástico y el escondido al que todos conocen y nadie se atreve a ponerle cara.
 
“Tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres y ninguna era buena”. ¡No pasa nada, no preocuparse, serenidad, ay, ay, ay, serenidad! El FC Cartagena no encuentra ni tiene rival al que ganarle. No preocuparse. Esto del otoño en cuatro días se pasa, pero los rovellons van tan escasos, al no llover, que se venden a un euro la pieza.

El Icue sabe en qué tiempo vive este su Cartagena, ha comenzado el periodo de hibernación, se ha metido de lleno en él y tendrá que esperar hasta que la marmota asome para descifrar las pistas y tiempos de salvación que le da La Rambla que, por cierto, hace demasiado tiempo no ha asomado. ¡No preocuparse!

Los escaparates de las tiendas de ropa ya exponen suéteres de lana y el cartero, que siempre llama dos veces, todavía lleva su uniforme de verano y, por el olor que llega del patio de luces, olemos que en casa de la vecina está hirviendo el primer caldo de la temporada.

El error del Icue, mi error quizá sea ver a  nuestro, vuestro, suyo Cartagena como el otoño, algo demasiado tétrico. Es lo que hay y es lo que nos ha traído la trastienda “quirantiana” del verano y nos anuncia la antesala “trifontana” del invierno. Sí, sí, ya sé que no tiene gracia pero la realidad es cruel y trágica, decir lo contrario no es ajustarse a la verdad y es colocar apósitos a la sangría.

Cuando cambie, el Icue cantará y contará el cambio. ¡Por favor que todo se instale en la normalidad! ¡Cuidado! Tengo un presagio: Hará más frío, alguien tendrá reuma, se pondrá de moda alguna viñeta chistosa, alguna teleserie y, por el bien de todos, se cambiará al cara de aldeano.

Y una noche, paseando por la Alameda Sanantoniana, me encontraré con el Forofo que tratará de venderme su esperanza irreal de salvación, si es que eso existe, nene. ¡Por favor olvídense del Tenerife que los carnavales están por venir, o ya no!

Pedro-Roberto J.P. En un “Rincón para Doce”. Dies 9/28: Ante diem quartum Kalendas Octobres.

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