Yo soy del Cartagena, ¿Y qué?

Mi querido estadio Cartagonova: Toda la ciudad te mira, y te admira. Tu emplazamiento es privilegiado a las faldas del monte Atalaya, al que subimos entre otras cosas por la curiosidad de ver tu nombre escrito desde 240 metros de altura sobre el nivel del Mediterráneo azul que recorta la entrada a Cartagena por el Puerto
La Otra Cara

La sensación de ver caer la tarde sobre ti, ese atardecer entre rojo y violeta, con las gradas iluminadas y lleno de gente hasta las banderas (las marítimas, por supuesto), ser una de las 15.000 almas que te habitan rugiendo al unísono, sintiendo lo mismo, en esa energía que nos llenaba y vitaminaba y que algún día vivimos y tanto echamos de menos en estos tiempos del engorroso COVID.

Esa vibración tan fuerte que contagiaba los ánimos de todos, desde jugadores a periodistas, desde niños con la camiseta del hermano dos tallas más grande con sus abuelos en las gradas, hasta familias enteras vestidas del Efesé y con las cosquillas en el estómago del que está viviendo un momento histórico... 

Nunca pensamos que nos iban a quitar esa sensación. Nunca le dimos importancia a ese domingo que nos quedamos echando la siesta en vez de ir a darnos codazos entrando por el puente de hierro. Nunca pensamos que algún día te echaríamos tanto de menos.

El Efesé, dicho con ese seseo cartagenero tan característico que mi abuelo siempre tuvo, no es sólo lo que te acabo de describir. En realidad quiero hablarte de otra cosa. 

Quiero que pienses en los zagales que se machacan las botas de fútbol que han pedido como regalo de cumpleaños en el campo del Nueva Cartagena. En la ilusión con la que vuelven los críos que no levantan un palmo del suelo a las escuelas de fútbol del Ciudad Jardín. En adolescentes que son fervientes seguidores hasta la muerte del Minerva Fútbol Club, de Alumbres, una población heredera de refinería de menos de 3.400 habitantes.

Y cómo no, en los seguidores, peñistas y veteranos que siguen manteniendo el nervio y la bravura (y la amistad y los recuerdos) de cuando eran aquellos zagales. 

Que el Fútbol Club Cartagena haya ascendido a Segunda División es un sueño hecho realidad. Elegir al FC Cartagena en el FIFA y vestirlo con la prematuramente revelada segunda equipación es una satisfacción emocionalmente desconocida. Una realidad que al principio nos costó trabajo comprender, y más en medio de esta coronacrisis absurda que algún día acabará, no lo dudes.

Aficionados, familiares y amigos del FC Cartagena que hoy somos un poco más felices porque sentimos que volvemos al lugar que nos corresponde. Aunque sabemos que esto no es como pasar de curso y ya está, sino que este año hay que pelear como jabatos para mantenernos en la categoría de plata. 

Estamos haciendo algo muy difícil, que no se nos olvide: seguir manteniendo la fuerza, la ilusión y las ganas en estos tiempos en los que el instinto de supervivencia está más agudizado que nunca. Pero fíjate, estamos sacando lo mejor que llevamos dentro, distinguimos más lo que realmente importa y a la vez tenemos la vista puesta en la siguiente batalla. No podemos evitarlo, somos de Cartagena, somos así. Por algo nuestro lema es:

Carthago Nova Invicta Est