Lo que hay que sufrir...

Desde que se marchó Sporto Gol Man con el rabo entre las piernas, tanta felicidad parecía imposible años después en el entorno del FC Cartagena SAD, con su crecida masa de abonados,  inflado el globo del optimismo, el saneamiento económico, el  perfecto encauzamiento del Concurso de acreedores y la recuperación de  una imagen que casi nunca tuvo. Hasta que se cruzó en el camino un gato negro  y se torció el segundo proyecto de ascenso al fútbol profesional urdido por el dúo Belmonte/Breis.

¿Qué ha ocurrido? Solo el tiempo lo dirá, pero el lodazal en el que ha caído el club marca uno de los pasajes más preocupantes de la historia del  fútbol blanquinegro, propenso a caer en la inseguridad que le ha perseguido tanto tiempo como la sombra al cuerpo. Solo los protagonistas desde todos los ángulos lo sabrán. Para algunos es hora de magnificar el doloroso grano de pus en la epidermis cartagenerista, de defender atacando, incluso de no saber defenderse, lo que se desprender del pobre y hasta ridículo comunicado del FC Cartagena dando por zanjado el asunto cuando el desatasco de éste aún no ha empezado. Es la mala hora de navegar entre dudas y de desconcertarse. Y en el centro de todo, la afición que es la única que ha hecho los deberes.

Esto es un fuego cruzado con disparos desde diferentes ángulos y algunas invenciones interesadas

 

 

Pero ojo, que esos protagonistas de la  supuesta compra zarzuelera (que no pasaría el primer examen en la universidad de los chanchullos)  no es el FC Cartagena en exclusiva, al que pueden haber metido en una diabólica trampa. O no.  No dispongo de elementos de juicio. Mandan las hipótesis, las intuiciones.  Con la investigación policial en marcha y, si han sido pinchados un montón de teléfonos con los debidos permisos de la autoridad judicial, la madeja se irá desliando pero de momento puede escribirse  un relato de mucha enjundia que nos llevaría a meter en el saco de los malos a unos  y otros.  No hay un solo bando o una sola banda. Estoy seguro que este lío es un fuego cruzado con disparos desde bastantes ángulos y con algunas invenciones interesadas.  Una película tal vez con algunos actores conocidos, viejos rokeros que ya la liaron como gestores en varios puntos de Andalucía incluso en Cartagena con el montaje de cirios. Ese  percal. ya es conocido. Entraron en una de las peores etapas y fueron 'fumigados' del Cartagonova cuando Florentino Manzano intermedió para que entrase Paco Gómez. Éste tuvo que tirar de chequera y pagar muchos dineros que el entramado de Oliver no pagó. Un entrenador de la esperpéntica época de Oliver (2002), el malagueño Miguel Rivera, denunció que no había dinero en el club ni  para comprar detergente.  Un caos pero de verdad.  Que le pregunten al entrenador cordobés Pepe Murcia por qué dimitió por propia voluntad antes de la primera jornada de Liga. Estaba un presidente pantalla y movía los hilos el navarro Luis Oliver, presente en muchas salsas: la jerezana (pingüe negocio), la bética (encontronazos con Lopera, con juicios por medio; la cartagenera, ahora la cordobesa y presuntamente la extremeña.

En buena lógica es al FC Cartagena al que le interesa primordialmente que se esclarezca todo. Lo hará, estoy convencido, pero estos asuntos no se despachan de entrada   lanzando balones fuera. Son prioritarios por encima de un tema menor como el que ya podría ser la continuidad de Monteagudo o su descarte. Porque al Efesé moderno lo pueden enviar al infierno, muy cerca del Efesé antiguo como determinación  ejemplarizante. Estamos en tiempos de regenerar,  con nueva Real Federación Española  de Fútbol, ya sin Ángel María Villar en poltrona, y cortar cabezas  puede ser signo de aviso a los navegantes y demostrar que el cambio ha llegado para maquillar tanta hipocresía.

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Zaragoza Coruña

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Pero es que Tebas necesitaría, desde su atalaya de dirigente  puritano que quiere acabar con la corrupción en este negocio del fútbol, un ejército de investigadores para obtener datos  de eventos bajo sospecha . Un ejemplo puede quedar centrado en cuanto a lo que pudo suceder en los últimos momentos del partido Fabril-Extremadura, la llave de la clasificación azulgrana.  ¿Alguien ha mirado con lo lupa cómo llegó la pelota a la red coruñesa? No se trata de denunciar, es cuestión de comprobar. 

La historia de los amaños en el fútbol contiene demasiados ejemplos de asuntos que al final quedaron en la nube.  Saco a relucir un famoso partido Levante-Zaragoza en Primera, hace tres años, cuyo resultado favorable a los maños mandaba al descenso al Dépor, gran perjudicado.  

La bola de nieve del Cartagena-Extremadura va a seguir.  Hay que sufrirla y nos vamos a desayunar con las denuncias de más leyendas urbanas, como si alguien estuviese moviendo los resortes para que el fútbol de aquí se fuese a hacer puñetas. No puede ser,  no debe ser. Pero puede ocurrir y el menda no va a defender a nadie a ultranza si no tiene la razón al cien por cien. Caer en el síndrome de Escocolmo es una de las peores cosas que puede sucederle a un periodista, sea de la nueva ola, de la media o de la vieja guardia.  Llegado el desenlace del caso que ocupa y preocupa no pueden pagar justos (los aficionados) por los pecadores.