LA FAROLA DEL LAGO | ¡El Tintorero en casa!

Cada día que pasa, debo de dar gracias a la Divina providencia, y...a mis genes, que me permiten guardar en mi memoria hechos y datos, que...transcurridos muchos años puedo desempolvar, y ofrecerle a mis lectores de la "Farola del Lago" historias "veridicas" que han ocurrido, y que...pasado tanto tiempo pueden atraer la curiosidad de mis lectores. Además, en esta ocasión, lo que voy a narrar, me va a servir para poder "hilar" el relato con el recuerdo de un futbolista que dejó "huella" entre los aficionados de nuestro EFESÉ, por su valentía y pundonor, y también con un caballero, un anciano, vecino de mi casa, (en la calle del Alto) que dejó en mí una huella muy grande.

 

En el inicio de los años cincuenta, muchas familias de nuestra querida Cartagena de España vivían de pequeños negocios, muchos de ellos transferidos de padres a hijos. No obstante, era tal la precariedad laboral existente, que los dueños de estos negocios eran poco menos que la clase "alta" de la ciudad. Este, era el caso de uno de esos negocios llamado "El TINTORERO EN CASA" (hija de Pedro Bernabé), que tenía "la sede central" en un pequeño bajo situado en la Plaza de la Merced "El Lago", y la "oficina", en el propio domicilio de la familia en la Calle del Duque 41, en cuyo zaguán tenía su establecimiento un zapatero "remendón".

Dicho sea de paso, todos los zapateros "remendones" (loable y necesaria profesión) tenían la "tienda" en zaguanes, y casi todos "cojeaban" ostensiblemente. Permitirme esta "retórica", es imprescindible para poder situaros en el momento "exacto" de mi narración.

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Bueno...ya veis, empiezo a escribir y quiero explicar tanto que me alargo y... me alargo, y de un tema me paso a otro. ¡Qué le voy a hacer! Prosigo, la "plantilla" de la "fabrica" de tintes, la componían Concha Bernabé y su esposo Antonio, (que a su vez hacía de agente comercial). El negocio (aunque pequeño) debía ser rentable, tengamos en cuenta que, por aquellas fechas se ponían las mujeres luto hasta por el gato, se moría la abuela, bata tintá de negro, se moría una tía, bata tintá, se moría el marido bata tintá etc.etc. se tintaban hasta los zapatos.

El matrimonio tenía dos [email protected] (creo recordar) Finita y Carmelo, y el personal "laboral"  lo componían tres críos de 12-13 años, que en horas fuera de clase ayudaban a meter los tintes en los sobres y pegarlos, por cuyo trabajo cobraban 2'5 pesetas diarias. Uno de esos críos era servidor, al final del día las manos se nos ponían tan negras que parecía que llevábamos guantes, había que tirarse una hora lavándolas con lejía, los críos éramos de "quitipon", nos íbamos unos y entraban otros.

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Gil en dos imágenes como blanquinegro en el entrañable campo de El Almarjal
Mi entrada (durante un par de meses) en esa... digamos empresa, se produjo porque en el segundo piso del edificio (yo, vivía en el bajo con mi abuela y mis tíos) vivía un ¡señor! con todas las palabras, se llamaba don José Nicolich, había sido un gran músico y daba encanto oírle hablar, el hombre, tuvo la desgracia de perder a un hijo de su mismo nombre, fue una de las siete víctimas del terrible accidente de los músicos de la Cruz Roja de Cartagena España, este accidente, dejó una huella enorme en mi anciano vecino.

El señor Nicolich apenas tenía retiro, (ni él ni nadie) y para sobrevivir pegaba sobres del "TINTORERO EN CASA", y el, fue el que me dijo si yo quería aceptar llenarlos, lo hice durante unos meses, pero cuando se enteró mi madre no quiso que siguiera. La verdad es que con ese poco dinero me compraba mis cosas, pelotas, trompas, bolas y chucherías propias de un niño de trece años.

Pasado el tiempo, yo tenía ya mi vida encauzada, y jugaba al fútbol y entrenaba con el Efesé, y lo que es el destino, en el Cartagena hice amistad con un jugadorazo, que había llegado procedente del Zaragoza, este gran jugador todo pundonor y entusiasmo, y muy querido por nuestra afición, se llama Julio Gil Ramírez. Como decía, Gil llegó procedente del Zaragoza (con el que había ascendido a Primera División), era la temporada 57-58, y en el Cartagena triunfó plenamente.

Aquí, en nuestra ciudad, conoció a su bella esposa, Finita, hija de Concha Bernabé y Antonio, los dueños del ¡TINTORERO EN CASA! lo que es la vida! Fruto de ese matrimonio, fueron sus cinco [email protected], Julio Miguel (fallecido, pero siempre en el recuerdo) Conchi, Mamen, Antonio y Arantxa.

Julio Gil, además del Zaragoza jugó en el Lérida, en el Crevillente, en el Manchego...en el Efesé, formó parte de aquel equipazo que arrasaba como un terremoto, y jugaba como los Ángeles,  formado por...Torollo, guzmán, Gil, Tomás, Lexo, Olivares, Simarro, Carriega, Amaro, Otaola y García Domínguez. los aficionados se sabían de carrerilla esos nombres que, aún perduran en las mentes de los más veteranos.

Por último, realizó su gran fichaje, con ¡Enfersa! en esa empresa, se colocó y aquí, en nuestra querida ciudad estableció su vida, siendo un cartagenero más.

Me he pasado, me caliento como los pavos y no encuentro forma de terminar. Un abrazo para todos Feliz Navidad y...olvidemos este horrible año 2.020.